Hambre de Navidad

La Voz

A CORUÑA

CARLOS FERNÁNDEZ SANTANDER HISTORIAS DE A CORUÑA En la posguerra, muchos productos se compraban con cupones de racionamiento La posguerra española fue larga, tanto que duró hasta comienzos de los años 50. Había escasez de productos básicos, que estaban racionados y debían de adquirirse con cupones; el frío se combatía con ropas de abrigo, en vez de con estufas y calefacción central; las pulmonías y tuberculosis terminaban con el enfermo en el cementerio, pues no existían antibióticos. Y en las navidades, el pollo era plato de gente pudiente, o de clase media. Los pobres recibían bolsas de caridad, con garbanzos y lentejas.

15 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

CARLOS FERNÁNDEZ A CORUÑA Los pollos se compraban vivos a unas mujeres que los traían de los pueblos en cestos y los exhibían en las entradas de los mercados o en plazas. Después, en las casas solían encerrarse hasta el día de Nochebuena en algún habitáculo próximo a la cocina. Los niños se encariñaban mucho de los simpáticos pollos que, como estaban asustados, no picaban ni daban la serenata. El cariño era tal que, luego, cuando las criadas los mataban, comenzaban a llorar desconsoladamente, pues sentían que les habían dejado sin mascota. Carne dura Después, el pollo, cuya carne solía estar más dura que las rocas de la cantera de Eirís, estaba cociendo durante ocho o diez horas hasta que cogiese el «punto». Los turrones de buenas marcas (Monerris, Pedro Luna, 1880, etc); los champanes franceses, los jamones serranos, el salmón noruego y otras delicias del paladar se vendían en los ultramarinos del centro, como Aniceto Rodríguez, Claudio, Kessler, Coruña-Madrid, El Cisne, Navarro, La Campana, Cabanela... Marcas desconocidas En las tiendas de barrio había marcas casi desconocidas. Por ejemplo, se vendía un turrón llamado Sánchez que nadie sabía dónde se había fabricado y qué contenía, pues no tenía almendra, ni yema, ni miel. La sidra era el champán de los pobres, pero no la de El Gaitero, sino otras segundas marcas, o terceras, que había que dar antes a probar al perro, pues si se hacía con el gato, como éstos tienen siete vidas, podía dar lugar a trágicos errores. Platos alternativos al pollo y el pavo eran la coliflor y el repollo con patatas. El aceite de oliva estaba racionado y era inalcanzable para los pobres, que se contentaban con el de soja. El azúcar, también racionado, no era blanco sino negro y el café tenía como sucedáneo a la achicoria. Estaba en vigor, desde 1940, la Ley de Tasas, dictada para perseguir el mercado negro y que premiaba a los denunciantes (una institución hispana) con el 40 por ciento del valor de la multa que se impusiese al estraperlista. Aguinaldos Los aguinaldos vivían su apogeo, con los pobres pidiendo por todas las casas, esquinas y portales de la ciudad. Los ricos, también llamados acaudalados en las notas de sociedad, eran generosos esos días, pues así cumplían no sólo con la doctrina cristiana sino con la frase del Caudillo Franco: «Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan». Durante 1941 y 1942 se mantuvo en vigor el «aguinaldo de la División Azul». Ni qué decir tiene que la Cocina Económica trabajaba a destajo esos días, pues no olvidemos que en 1942 se calculaban en 7.000 las familias pobres que existían en A Coruña. Para más inri, las estufas de calor provocaban muchos accidentes.