Las ratas, los perros y los cacos acaban con la colonia de ánades del parque de San Pedro La mala pata se ha cebado con los idem del parque de San Pedro. De veinte, ni uno solo vivía ayer para contarlo. Todos han sido pasto de las fauces de perros y ratas y, del amor de algunos ciudadanos por ellos. Por los patos. Bueno, por los patos a la naranja o por el paté de pato. Ante tamaña lista de bajas, el Ayuntamiento ha optado por tirar hacia adelante y, en próximas fechas, está prevista la llegada a la zona de un nuevo contingente de ánades, para deleite -puede que temporal- de los visitantes del parque.
11 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Las bajas no tienen que ver con un fallo en los sistemas de vigilancia del parque, según explica un responsable de la empresa que se encarga de su mantenimiento, quien duda de que algún pato haya sido puesto al dente en la cazuela. Sin embargo, recuerda que un guardia cazó in extremis a una enamorada de los ánades cuando salía del parque con uno de los patos oculto en su bolso. Al parecer, el saltarín se había colado dentro sin ella darse cuenta (sic). El susodicho se salvó del fogón por las plumas, aunque luego terminaría, como la mayor parte de sus compañeros, en las fauces de los depredadores. Pequeños vertederos «Sabemos -explica la misma fuente- que algunos murieron mordisqueados por las ratas de pequeños vertederos próximos al parque, que son utilizados por chabolistas para depositar sus residuos». Otros fueron muertos por perros que aprovecharon los huecos entre las rejas que rodean el parque para colarse dentro y atrapar a algún pato. Tríptico Hasta su prematura desaparición, los patos de San Pedro constituían una de las principales atracciones del parque. Incluso el Ayuntamiento elaboró un tríptico a todo color en el que se recogían las distintas clases de patos que habitaban el estanque principal de la zona verde: patos cuchara, rabudos de las Bahamas, silbones chilenos, azulones, cercetas carretonas y comunes, y ánades frisos. Los niños han sido los principales damnificados con la desaparición de la colonia patuna. «¿Dónde están los patitos, mamá?», clamaba ayer un infante.