El templo de las Capuchinas busca el esplendor perdido

Xunta y Concello suman fondos para restaurar el convento barroco


A CORUÑA

El arquitecto se llamaba Fernando Casas y Novoa. Lucía la etiqueta de barroco. En 1715 lidiaba con los albañiles en las catedrales de Lugo y Santiago. Iba a diseñar la postal eterna de Galicia -la fachada del Obradoiro-, pero antes hizo un alto en el camino para levantar en la coruñesa calle Panaderas el convento de las Capuchinas.Ahora las monjas ya no habitan allí -abandonaron el edificio en 1982- y al convento le ha crecido en un costado el Museo de Belas Artes de A Coruña, trazado por la mano sabia de Manuel Gallego Jorreto.El antiguo templo se ha desvanecido poco a poco, sepultado por la erosión de la piedra y por el abandono. Los técnicos han denunciado la degradación de uno de los conventos más singulares de la arquitectura gallega.El informe del arquitecto Andrés Fernández Albalat apunta a la mala calidad de la piedra -de la clásica cantera del monte de San Pedro- como una de las causas del esplendor perdido de la iglesia barroca.El convento se construyó con una inversión de 313.500 reales de vellón. En enero serán 60.000 euros (9,98 millones de pesetas) los que rescaten a la piedra de su agonía. Son los fondos que sumarán Ayuntamiento y Xunta para restaurar el convento a lo largo del próximo año. Fernández Albalat dirigirá la rehabilitación, en la que se limpiará y se restaurará minuciosamente cada uno de los bloques de granito que componen esta obra maestra del barroco gallego. Es la resurrección del particular Obradoiro coruñés de Casas y Novoa.

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