ALBERTO MAHÍA CRÓNICA Cada diez minutos, un denunciante y un denunciado dirimen sus pleitos en los juicios de faltas Ramona descolgó el teléfono y una voz femenina le dedicó una rima: «Ramona pechugona, no tiene pelos en la ...». Dice que la poeta es una vieja amiga, a la que sentó ayer en el banquillo de los acusados por una falta de vejación injusta. Otro caso: Rubén imputa a su jefe una falta de lesiones. Dice que le soltó una colleja por tirar una herramienta al suelo. Pleitos semejantes se airean a diario en los juicios de faltas, donde denunciante y denunciado tienen diez minutos para tirarse los trastos ante un juez.
29 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Uno dice que su jefe le dio una colleja por tirar una herramienta al suelo y el patrón sostiene que sólo le reprochó su falta de mimo con el material del taller. ¿Quién miente y quién dice la verdad? La Justicia asume la patata caliente. En un par de semanas inclinará la balanza. Pleitos como éste se dirimen a diario en las salas de instrucción de los Juzgados. En diez minutos, tiempo que tienen los demandantes y demandados en defender su verdad. O su mentira. En una mañana, son vistos para sentencia entre quince y veinte juicios de faltas en una misma sala. «Mi jefe me dio un golpe de kárate». Rafael tiene mano con las calderas. Un buen día acudió a una casa a instalar una calefacción. En el transcurso de la refriega laboral, Rafael tiró al suelo, «accidentalmente», según él, una herramienta. Su jefe se enfadó y le soltó «un golpe de kárate en el cuello». El patrón lo niega. Recuerda así los hechos: «Sólo le dije que el único que puede tener caprichos soy yo». Rafael no llevó abogado -como la mayoría que acude a un juicio de faltas-. Toda su defensa quedó en manos del fiscal, que después de escuchar a uno y otro, pidió la libre absolución del denunciado por falta de pruebas. «Me mordió el perro de mi modista». María fue a probarse un vestido a casa de la mujer que cose y crea su ropa desde hace treinta años. Contenta por lo bien que le quedaba la pieza, salió de la casa y un perro le atacó con furia. Le mordió la pierna, produciéndole una herida que la postró en una cama durante quince días. Pero no se enfadó lo suficiente como para denunciarlo. No fue ella quien sentó al dueño del can en el banquillo de los denunciados, sino la Justicia, que actuó de oficio. Tampoco pide compensación económica alguna, ni la condena del amo del perro. Sólo quiere «dejar pasar todo». «Un tipo le dio patadas a mi coche y luego me pegó un puñetazo». Carlos conducía su flamante Seat León por el Paseo Marítimo cuando un vehículo se cruzó repentinamente en su camino. Hizo lo que la mayoría, hacer sonar el claxon. El pitido no le debió gustar al automovilista -quien no compareció en el juicio-, pues frenó en seco, salió del coche, se dirigió al de Carlos, comenzó a propinarle patadas a la puerta, la abrió, y sin que al denunciante le diese tiempo a reaccionar, le soltó un directo al ojo izquierdo. La defensa del agredido pide una indemnización por daños y lesiones de 140.000 pesetas (841,42 euros). «No es cierto que mi novio me golpeara». Luisa mantiene un romance con Alfredo. Lo mantenía el 4 de marzo -cuando se produjeron los hechos- y lo mantiene hoy, a pesar de que ayer pasaron por los Juzgados como denunciante y denunciado. En aquellas fechas, Luisa apareció con un fuerte golpe en el Juan Canalejo. Preguntada cómo se lo había hecho, ella dijo que le había pegado su compañero sentimental. Ayer lo negó. Achacó la denuncia a los nervios. Pero la fiscal no lo cree, por eso continúa con la denuncia y pide la condena de Alfredo, una multa de 30.000 pesetas (180,30 euros). Esa señora me dijo por teléfono: «Ramona pechugona, no tiene pelos en la ...». Ramona y Mercedes se conocieron en el parque de las Conchiñas. Primero se cayeron bien y salían de vez en cuando a tomar café. Segundo, no se podían ver la una a la otra. Y tercero, Ramona comenzó a recibir llamadas obscenas. Ese tipo de llamadas que la Justicia bautiza como vejación injusta. «Esa señora me dijo por teléfono: «Ramona pechugona, no tiene pelos en la ...», le dijo ayer la denunciante a la jueza. ¿Por qué culpa a su antigua amiga? Porque la policía investigó y llegó a la conclusión de que esas llamadas procedían del teléfono de Mercedes. Mi marido me amenazó de muerte. Rosario comenzó a trabajar en un mesón y su matrimonio «se convirtió en un infierno», según la mujer, quien continúa así los hechos: «Un día llegó a casa, rompió la puerta de mi cuarto a patadas y me dijo que me mataría si me veía con un hombre. También me dijo que no me haría nada si me dejaba hacer el amor cuando se le antojara». El ex-marido lo niega absolutamente todo. Es más, dice que su ex-esposa se iba de juerga todas las noches. Y ante la falta de testigos, la fiscal pidió la libre absolución del denunciado.