PABLO PORTABALES EL PULSO DE LA CIUDAD
01 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.TODOS los Santos es un festivo agridulce. La parte más triste la representan los imborrables recuerdos de los familiares y amigos que ya no están entre nosotros. El aspecto más sabroso de la jornada lo encontramos en las confiterías y pastelerías de la ciudad. Animado por la luminosa jornada -el año pasado por esta época ya estábamos hartos de agua- me di una vuelta por algunos de estos establecimientos no aptos para propensos a la gordura. ¡Qué locura! Todo está tan bueno. Y es que sólo con mirar el escaparate ya me aprieta el cinturón. Tendré que preguntarle al doctor Vázquez Iglesias, pero me da la impresión de que hay dulces que, en vez de pasar por el estómago, se incrustan directamente en el michelín. BUÑUELOS, huesos de difuntos -que ahora mucha gente pide como huesos de santos-, y panellés, unas bolas de almendra, son los productos estrella. Los más demandados son los primeros, según me cuenta Pepe Maneiro, propietario de la confitería La Coruña. Los elaboran rellenos de crema, los más solicitados con mucha diferencia, chocolate, los que más gustan a un servidor, y nata. Ayer estaban entre 2.500 y 3.000 pesetas (18,03 euros) el kilo. LAS CONFITERÍAS hicieron su agosto. En Hildita, el veterano Isidoro Castillo me abruma con la batallita de las pocas pesetas que costaban los buñuelos en los años sesenta. Eran otros tiempos. Mercedes Villar, la simpática encargada de La Gran Antilla, en Riego de Agua, apenas me puede atender. «Es que si me pongo a hablar contigo los clientes que están a la cola protestan», me comenta con un tono de estrés buñuelero. Lo mismo me sucede en otro de los locales clásicos de los amantes del dulce, en Berna. El jefe, Manuel Vázquez Varela, y los empleados, no dan abasto. Vuelan los buñuelos y las bandejas de huesos se despachan como rosquillas. ESTÁ CLARO que en jueves como los de ayer, la gente pasa de dieta, régimen y demás castigos. Un día es un día. Todavía falta bastante para Navidad, la otra gran fecha dulzona, y había que pegarse este pequeño homenaje. El próximo año, los huesos los pagaremos en euros. Seguro que estarán igual de buenos.