Lo que María Pita ha unido...

REDACCIÓN A CORUÑA

A CORUÑA

REPORTAJE FOTOGRÁFICO: XOSÉ CASTRO

Cerca de 1.600 contrayentes se han casado desde 1995 en el salón de plenos del ayuntamiento coruñés El salón de plenos del palacio de María Pita se ha convertido en el último lustro en uno de los lugares preferidos por los coruñeses para «pasar por la vicaría». No hay altar, ni sacerdote, pero el alcalde y los otros 26 concejales ejercen cada sábado de maestros de ceremonias de las bodas civiles en el ayuntamiento. Los novios aportan su toque personal al enlace. Algunos optan por llevarse un coro o invitan a familiares y amigos a leer versos. El bilingüismo también llega a los matrimonios del Concello, donde ediles de tres grupos políticos (PSOE, PP y BNG) pueden presidir unas ceremonias en las que no faltan ni los maceros municipales.

22 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Unos invitados se sientan en los bancos que normalmente ocupan los concejales socialistas. Otros optan por sentarse en los escaños del PP y, en el centro, los familiares prefieren reposar en el espacio del grupo municipal del Bloque. Es sábado en María Pita y la concejala María José Cebreiro (PSOE) es la única política en el salón del plenos. Desde las once hasta la una, cada media hora, se ofician en el palacio municipal cinco matrimonios civiles. El recién restaurado salón -la vidriera y los suelos de maderas nobles acaban de ser minuciosamente rehabilitados- se ha convertido en uno de los lugares preferidos por los coruñeses para legalizar sus compromisos. En el Ayuntamiento explican que, desde mayo de 1995, se han oficiado en María Pita 780 matrimonios civiles. Se consolida por tanto una opción que ya compite con éxito con las bodas religiosas y con las ceremonias que se celebran en los Juzgados. Los favoritos Entre los concejales con más tirón para presidir las ceremonias figuran el propio alcalde, Francisco Vázquez, y el edil socialista Juan Manuel Iglesias Mato, Palau. «Nos salen unas bodas muy bonitas», suele presumir el alcalde. Los únicos requisitos que se piden para poder celebrar la boda en María Pita, al margen del papeleo habitual en cualquier ceremonia civil, es que uno de los dos contrayentes tenga domicilio en A Coruña. Otra de las diferencias con las bodas religiosas es la ausencia de padrinos, que se sustituyen por dos testigos y que, en la ceremonia, ocupan en el salón de plenos el lugar reservado habitualmente a los padrinos, junto a los novios. Otra de las recomendaciones que se hace a los invitados es que no se lancen pétalos o arroz en el interior del consistorio y que reserven estas muestras de entusiasmo «para el momento de la salida, fuera de los soportales del palacio municipal». En esos soportales se permite, excepcionalmente, que el coche aguarde por los novios, que descienden por la escalera noble de María Pita.