ÁNGEL PADÍN PLAZA PÚBLICA
28 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La nostalgia, que es una especie de melancolía sólo apta para algunos que padecemos ese defecto, nos ataca a veces en los lugares menos pensados. Por ejemplo, me asaltó a mí al pasar en fechas pasadas por Cuatro Caminos y observar un enorme hueco en que fue acristalado edificio de La Voz, donde pasé tantos años, y recordar que también desapareció el antiguo de la travesía de Santiago (hoy María Barbeito), donde asimismo consumí felices horas de juventud. Todo ello me ha llevado a recordar la desaparición de inmuebles en varias zonas de la ciudad, algunos singulares, otros, menos. Cuando camino por los Cantones me viene a la memoria la casa donde murió Sir John Moore, la de la esquina a la Rúa Nova donde nació Daniel Carballo. En la misma rúa el hermoso palacete de la Caja de Ahorros, esquina a San Andrés, sustituido por una horrible edificación que seguramente será muy práctica. La calle Real ha visto desfeitas pero hay buenos edificios. Y se ha respetado alguno como lo ha hecho el Banco Etcheverría, donde vivieron Modesta Goicouría y Eusebio da Guarda. En la plaza de Pontevedra fueron derribadas casas tan singulares como el sanatorio del Pilar y Seguros Galicia. En la calle del Orzán está la placa en la casa que nació Madariaga y nos da un poco de vergüenza recordar el semblante del polígrafo cuando acudió allí y señaló que su casa natal era modesta pero bastante más presentable que la actual. Últimamente se ha cuestionado el derribo del viejo caserón de Adelaida Muro, perteneciente a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Una pena, por supuesto, pero las monjas o vendían el terreno para construir, como así fue, otro más amplio, o tendrían que resistir en un edificio por fuera precioso pero ya sin espacio ni condiciones en su interior. En suma, y vuelvo a lo anterior, debemos defender la pervivencia de aquellos edificios que son parte de nuestra historia de siglos. redac@lavoz.com