21 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.
Había una vez que comprar un coche era como invertir en bolsa. Se revalorizaba con el tiempo. No importaban los golpes. Los arreglos de chapa y pintura parecían ser un valor añadido. Uno que se llevó un buen pellizco gracias a la ruleta inflaccionista de los setenta fue el portavoz del grupo Popular en el Ayuntamiento, Antonio Erias. Estrenó carné al volante de un Seat 124. Lo compró en 1975 por cien mil pesetas y lo vendió un año y medio después por ¡125.000! Se pasó a la Ford, al Ford Fiesta. «Así era antes. Los coches ganaban con el paso del tiempo. Hablamos de una inflación del 25 y el 30 por ciento, lo que provocaba que el mercado de segunda mano estuviese por las nubes», recuerda Antonio Erias.