EMILIANO MOUZO PLAZA PÚBLICA
14 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El Gran Sol era un mar rico. Y dicen los entendidos, los marineros, que lo sigue siendo. Pero el mar de este caladero se convirtió en un lugar de acoso, en un estado policial para los barcos gallegos o abanderados, pero propiedad de armadores gallegos. Ellos, y sus tripulaciones, lo siguen intentando. Desean continuar en un mar que llenó de riqueza a las lonjas gallegas, a las familias y a la comunidad. Pero cada vez lo tienen más difícil. Primero, le recortaron las autorizaciones, le redujeron la luz de malla; ahora, las rebajas afectaron a las cuotas de pescado. Los gallegos lo siguen intentando. Les cuesta. Les cuesta mantenerse a flote con sus barcos cuando en el Gran Sol arrecian los temporales. Y en este mar, tras el temporal no viene la calma, aparecen las patrulleras, el asalto a los pesqueros, el despotismo de los inspectores. A veces, tras el temporal llega una travesía sin vuelta a un puerto extranjero, donde la lengua se convierte en símbolos, donde casi la única palabra que entienden las tripulaciones gallegas es la libra, la esterlina. O peor aún, en un regreso a un puerto gallego donde atracan con su corazón lleno de rabia, de indignación, de impotencia y con los bolsillos vacíos. El Gran Sol sigue siendo un mar rico porque lo dicen los marineros, los que tienen callos en las manos. Pero su opinión no es compartida por los marineros que navegan por las moquetas. emouzo.redaccion@lavoz.com