El día en que la basura cobró vida

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

CÉSAR QUIAN

Cinco años atrás, la caída del vertedero acabó con la vida de un coruñés y tapó las narices del resto Como en una película de terror de serie B, la basura cobró vida en forma de gigante de 100.000 toneladas de peso. Su lengua se extendió hasta arrebatar al mar su sabor salado. Su aliento putrefacto se extendió por toda la ciudad y tapó muchas narices. Su furia amenazó al poblado de O Portiño, que halló refugió bajo el techo del Palacio de los Deportes. Sus manos se llevaron a la otra vida a ~Joaquín Serantes, y eso nadie lo podrá remediar. Para el resto sí hubo solución. No volvió a ser todo como antes: desde entonces todo fue mejor para O Portiño. Un «lifting» millonario sepultó al gigante, que duerme, para siempre, bajo una lápida de hierba.

08 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Cinco años hará mañana de aquello. La ciudad entonces llamada La Coruña se cubrió de vergüenza. De fuera vendrán que tus miserias airearán: más periodistas güiris que el Teresa Herrera de Zidane congregó la hecatombe ecológica. «Se veía venir», declaró, a basura pasada, la entonces ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino. Varios informes que circulaban por María Pita aludían al riesgo de alud. Consciente de ello, el Ayuntamiento tenía puesta fecha de caducidad al basurero. Francisco Vázquez había cerrado en Bruselas la conversión de Bens en parque con dineros europeos. Pero la desgracia no se rige por calendarios. Llega y punto. Punto final para Joaquín Serantes, que estaba lavando su coche cuando el gigante enfureció. Ahora, la bestia echa sus malos humos a través de cien pozos de desgasificación, por donde expulsa el metano producido por la fermentación de la basura. Catorce años de respiro asistido le quedan. Después, expirará. Expirará hasta su nombre. El vertedero pasará a ser un rincón del Parque Atlántico. Los niños del 2015 pasearán, sin saberlo, sobre un Gulliver nacido de la basura.