ALBERTO MAHÍA EL TESTIMONIO Los marineros de la zona han sabido superar las catástrofes
08 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Faneca, pancho, xarda, jurel, pinto, nécora, centolla y, sobre todo, percebes como puños en las islas de San Pedro. «De todo un poco», dicen sus marineros, se pesca en O Portiño cinco años después de aquello. Aquello. Los marineros como Manuel lo veían venir. El acierto fue no estar allí aquella mañana. No fue la de 1996 la única catástrofe. Recuerda Miguel Alvedro que, en 1975, una tormenta se tragó las lanchas, las chabolas, todo. También rememora la época de bonanza, cuando aún funcionaba la cetárea y la empresa de salazón. La primera abandonó la isla en 1946. La segunda la hizo abandonar la Guerra Civil. «Tenía dos barcos de altura y las tropas nacionales se los requisaron, por lo que el catalán -el dueño- no tuvo más remedio que largarse». Manuel Corral es un viejo marinero de la zona. Recuerda O Portiño, hoy utilizado sólo por amantes de la pesca, como puerto profesional. «Lo que pisamos ahora -el muelle- era roca antes de 1950. Luego llegó el puerto, la rampa...».