JOSÉ LUIS GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA
02 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Me gusta más que Xanetas; siempre lo oí en Riazor como una imprecación cuando sus escasos fallos. Pero cariñosa, pues siempre fue el mimado de los ídolos del Dépor. Eduardo Toba, que estará recordando tiempos de gloria en su compañía y la del recién incorporado Elícegui, recordaba la exclamación de Blazina, el meta del San Lorenzo de Almagro argentino, por la actuación de Acuña contra ellos: «¡Ché, es el mejor arquero del mundo!». El bueno de José Luis Guillín podría dar cuenta de toda la literatura del acuñismo. ¿Qué decir novedoso? Bueno, el 12 de marzo del año 50 volvíamos toliños de entusiasmo de Balaídos, donde habíamos ganado al Celta tres a dos, colocándonos de terceros en la clasificación; y tras sortear cientos de cubos de agua con que nos obsequiaron al pasar por el Berbés. Al llegar a Casa Castaño en Puente Cesures -¡qué croquetas de marisco!- bajamos en fila india del autocar gritando «¡Sel-tá, Sel-tá...!, abriéndonos paso entre unos celtistas que nos esperaban. Sentí una colleja y noté cómo volaba el brazo de Chanetas en mi auxilio. Para él, yo siempre fui «o fillo de Don Pío», como cariñosamente me decía. No tuvo suerte Acuña: el cuento de su pobreza e incultura juvenil, la persistente luxación de hombro castellonense, el caso Acuña de Valladolid y la cicatería de internacionalidad son pruebas suficientes de ello. ¡Suerte ahora, Chanetas! redac@lavoz.com