23 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.
José María Soto derrocha vitalidad. «Siempre estaba donde había música y chicas guapas», bromea su mujer. -¿Cómo conoció a María Luisa? -En las fiestas de Ortigueira. Yo iba con mi Citroën 11. Lo llenaba siempre de chicas. Nos casamos en el año 54, en Cuiña, cuatro años después de volver de Cuba. -¿Todavía va a las verbenas? -Ahora llevo una vida más tranquila. Cada día recojo en la puerta de mi casa La Voz de Galicia, a la que estoy suscrito desde hace más de cuarenta años. A veces la roban, y voy a comprarla al kiosco. Después bajo al parque de Cuatro Caminos a leer. Las tardes suelo pasarlas en la cafetería Póker.