VIENTO

La Voz

A CORUÑA

PACHO RODRÍGUEZ METRÓPOLIS

08 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Decía Rafael Alberti que sólo con el verso verde viento Federico García Lorca hubiera pasado a la historia de la poesía al lado de Garcilaso de la Vega. Ese color bosque se inventó en Galicia. Con la tierra, lienzo y la lluvia, óleo. En verano, el imán de la playa atrae al turista que siempre quiere que uno de sus lados dé al mar. Si el viajero hace lo contrario, se introduce en el interior coruñés y en el corazón de alguna parroquia descubre la sensación de haber llegado, al fin, a algún lugar. En la parroquia de Leiro, en Abegondo, se practica el deporte de riesgo de mirar un paisaje tan profundo que uno es capaz de ver el futuro. En Teixeiro, en algunos tramos el Mandeo sirve de colchón de agua para que los árboles se den la mano desde cada orilla. Al caer la tarde, el Monasterio de Sobrado dos Monxes alarga la sombra de la historia por la plaza. Hace un calor de siglos. En Betanzos, en A Roibeira, el Mendo y el río Pequeno acompañan al paseo con la sintonía fluvial del molino. Existe en Paderne un puente -ponte de Lambre- que al fin cerrado a los coches tan sólo soporta el peso de los años. Las carballeiras son el replicante absoluto del bosque animado. Y el betanceiro coto de Chelo es un homenaje de la naturaleza al viejo pescador. El parque del Sanatorio, en Cesuras, es el escenario de una imaginaria película de Hitchcock. Y Aranga, Irixoa... Todo es un canto verde. Verde viento, verde rama.