Desde 1996, la factoría coruñesa no sólo fue objeto de deseo para otras empresas armamentísticas. Se especuló con reconvertir la factoría para otras actividades. Así, en 1999, se pensó en dedicar las instalaciones de Pedralonga a la fabricación de discos duros de ordenador, rebautizando la empresa bajo el nombre DDO. El proyecto acabó mal y la factoría siguió tal y como estaba. También por entonces se sugirió un nuevo reparto de las participaciones de la fábrica que, con la denominación Facor, agruparía a Xunta, Fadesa, Santa Bárbara y otros accionistas, pero mantendría un capital en su mayoría público. Se pensó en cerrar la fábrica, en enviarla a una nueva factoría que se construiría en Culleredo y en liquidar el solar (que podría rondar los 30.000 millones de pesetas)... Al final, el gobierno aportó la carga de trabajo necesaria, y la compañía siguió haciendo lo que había hecho desde 1960: armas, reduciendo las pérdidas anuales de 27.000 a menos de 3.000 millones de pesetas. Con todo, la decisión de la venta estaba tomada y la oferta de General Dynamics salió adelante.