El mito de Shambala

La Voz

A CORUÑA

XOSÉ CASTRO

ALFONSO DE LA VEGA AL DÍA El Kiosco Alfonso acoge una interesante exposición sobre los lamas y el tíbet El Kiosco Alfonso acoge una importante exposición sobre los lamas y los monasterios del Tíbet. Desde hace mucho tiempo, el Tíbet, su religión y su cultura ejercen una gran atracción sobre los occidentales. La moda filobudista de algunos divos de Hollywood no es sino el reflejo, amplificado por la popularidad de sus patrocinadores, de esa atracción e influencia que la metafísica de ese país semiperdido en el centro de Asia ejerce.

20 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El Tíbet siempre ha ejercido una enorme influencia sobre buscadores espirituales y gentes inquietas de la cultura occidental que han tratado de beber en fuentes menos contaminadas que las del cristianismo oficial, tratando de encontrar más un método de realización espiritual que un mero sistema dogmático cerrado. Destaca una valiosa representación femenina: desde la controvertida madame Blavatsky, fundadora de la Sociedad Teosófica, hasta la intrépida francmasona Alexandra David Neel, que cruzó a pie el inhóspito país cuando estaba rigurosamente prohibido el paso a los extranjeros. Sin duda se trata de una fascinación paradójica. El Tíbet anterior a la invasión militar comunista era un régimen teocrático medieval, de singular atraso material, en cierto modo parecido al Antiguo Régimen combatido por el ideal ilustrado. Gran parte de la iconología lamaísta resulta chocante, y desde luego alejada de los cánones estéticos de la cultura occidental. Pero, más allá del gusto por lo misterioso, quizás esa fascinación se debe a la intuición de que en ese mundo perdido han permanecido algunas importantes claves para desentrañar lo que llamaba Jung lo «luminoso». De que, pese a las evidentes distancias geográficas o culturales, representaciones tan diferentes como un dorje o los arquetipos del yelmo tibetano, o las imágenes del Pórtico de la gloria compostelano, tratan de reflejar análogas realidades espirituales.