LUIS POUSA DESDE MARÍA PITA
12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Cuentan que a los primitivos cinéfilos, aquella noche de humo y magia en que pudieron catar las escenas iniciáticas en las que una gran locomotora de vapor amenazaba con asomar fuera de la pantalla, les dio por correr fuera de la sala, devastados por el miedo y el asombro. Por aquellos tiempos, allá en el lejano siglo XIX, desembarcó en la calle San Andrés, con sus bártulos de artesano de la imagen a los lomos, un tal José Sellier. El gabacho venía dispuesto a retratar la ciudad en un legendario blanco y negro que ya no estaba clavado al papel, sino que corría ante los ojos. Sellier plantó su cámara en la calle Real para rodar las primeras películas del cine español, que nacía a unos metros del París, otra leyenda urbana. María Casares, de Panaderas, ascendió a los cielos de Cinelandia al asomar a ese tesoro del celuloide que se llama Los niños del paraíso. Un tal Fernando Rey se la jugó -y ganó- con el surrealismo kamikaze de Luis Buñuel, que se aferró a las barbas del coruñés para tejer sus portentosos personajes. Más allá de los grandes nombres, A Coruña fue, en un corto largo de arte, una ciudad imposible en la que la plaza de María Pita se centrifugaba alucinada alrededor de un tipo que amanecía desnudo a las puertas del palacio municipal. Ahora, sin Casares ni Rey, pero con un fardo de ilusión y literatura, las cámaras vuelven a rodar en As Lapas. O lapis do carpinteiro devuelve A Coruña al cine. lpousa.redaccion@lavoz.com