Amor entre «tubérculos»

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

A CORUÑA

Una coruñesa se enamoró de un miembro de «Los Patata» y ahora forma parte de la compañía Se la llevó al huerto. Patata sobre el escenario, se quitó la máscara y mostró a la coruñesa Carolina Ramos el rostro del hombre de su vida. Ocurrió hace dos años y pico. La moza trabajaba en el Fórum Metropolitano. Llegó la compañía canadiense Teatro sin Palabras y ella ejerció de intérprete. Uno de los miembros del grupo, Kevin Stewart, hacía el papel de patata. El amor echó raíces y creció hasta llegar al altar. Ahora Carolina es una «patata» más que se monda -de la risa- recordando su amorosa historia.

11 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Carolina (27 años) y Kevin (40) han vuelto al lugar donde brotó el amor, A Coruña. Fue en noviembre de 1998 cuando pusieron las semillas. Han regresado a la ciudad para representar, con atronador éxito de público, un par de logradas comedias. Una de ellas se titula Siete patatas más, y de ahí el sobrenombre popular que recibe el grupo: Los Patata. La coruñesa pisa las tablas como un tubérculo más: «Se fueron varias actrices y necesitaban sustitutas. Me hicieron una prueba y salí elegida», cuenta. ¿Cosas de la corriente eléctrica, del enchufe? Para nada. Es una gran actriz Carolina, licenciada en Arte Dramático en una universidad estadounidense. Se curtió en la compañía Os Quinquilláns y en el Centro Dramático Galego antes de empezar a trabajar en el Fórum Metropolitano, «donde podía estar cerca de los actores». La coruñesa buscaba contactos y acabó encontrando marido y trabajo. Tras mantener durante cierto tiempo una de esas relaciones a distancia que sólo satisfacen plenamente a Telefónica, la coruñesa decidió mojarse. Saltó el charco para estar a la vera de Kevin. Empezó como ayudante de dirección y después logró dar el salto a las tablas. Ha recorrido Canadá y Estados Unidos, y también ha estado en Hong Kong, donde le sorprendieron las reacciones del público. «Allí reírse es de mala educación. Los espectadores nos dijeron que les había gustado tanto la función que se tuvieron que esforzar muchísimo para no soltar carcajadas». La compañía tiene alcance internacional porque su trabajo, la mayoría de las veces, es gestual. Entre Kevin y Carolina hay gestos y palabras en inglés. La coruñesa domina el idioma de Shakespeare y su marido progresa adecuadamente en el cervantino.