SILENCIOS

La Voz

A CORUÑA

RUBÉN VENTUREIRA AL NATURAL

08 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La feria taurina del pasado año tuvo menos ambiente que un entierro en la intimidad. Los silencios del Coliseo no son los de La Maestranza, esos respetuosos «sin palabras» que acompañan los pases más magistrales en Sevilla, esa majestuosa ausencia de ruido a la que Vargas Llosa calificó como «una asombrosa forma de comunicación». No hay nada emotivo, nada artístico, en los silencios del Coliseo, aunque también son una forma de comunicación. Con ellos, los peñistas manifestaron su desacuerdo con el precio de los abonos fijado por el empresario del coso. Un año después, la vida sigue igual en el albero coruñés. De nuevo hay desencuentro. Los descuentos en los abonos son similares a los de entonces, «generosos» para el promotor y «cutres» para parte de los peñistas. El alcalde ha tomado el toro por los cuernos y el pasado jueves sentó en la misma mesa a las dos facciones. Francisco Vázquez quiere tener la Fiesta en paz y exige para ello un cambio de tercio. Los peñistas tomarán una decisión en la semana entrante. Alguien -ellos o el otro- tiene que ceder, porque convendría recordar aquel silencio obligado (décadas y décadas sin toros) que, de seguir así, podría repetirse. Una feria sin ambiente, sin el color de los gritos, es una fiesta desnatada. Una feria en la que se escucha más el pitido de los relojes que un «olé» tiene, en fin, las horas contadas. rventureira.redaccion@lavoz.com