«Sólo pedimos una oportunidad»

La Voz

A CORUÑA

Texto: CÉSAR CASAL GONZÁLEZ. Foto: XURXO LOBATO. FEMENINO Y SINGULAR Luz Marina Maya, inmigrante

10 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Colombia tiene selva y es una selva. Luz Marina Maya, inmigrante en A Coruña, luchó para tener sus papeles en regla y traerse a sus tres hijos. Huía de un país violento. «Me mataron a dos hermanos. Quería otro futuro para mis pequeños», desvela. Ahora defiende los derechos de sus compatriotas. No hace falta que lo diga más alto, porque lo dice muy claro: «Las colombianas no somos putas». Denuncia la discriminación que sufren, aunque reconoce que el gallego es muy hospitalario. Narra el drama de las chicas que vienen engañadas a clubes de alterne. «No saben cómo salir», explica. Ella ya es toda una coruñesa, con piel de azúcar moreno. Luz Marina tiene nombre de cuento de hadas y su peripecia tiene mucho de final feliz. Antes tragó y sufrió. Ésta es su historia. La cuenta con un acento que es una sobredosis de dulce. -¿Cómo llegó a la ciudad? -Llegué hace tres años y medio con mi hija pequeña, de cuatro años, y un español. Tuvimos problemas y me vi sola con mi niña y sin papeles. Me dieron diez días para irme de aquí. No tenía dinero. No sabía qué hacer. Me ayudaron mis vecinos de Monte Alto: una señora de un bar y un señor de una carnicería. Me apoyaron y me llevaron a Comisiones Obreras. Me dijeron que podía salir adelante. Me fui a una casa de acogida aquí. Son unas personas maravillosas. Se portaron muy bien conmigo y con mi hija. -¿Encontraron problemas? -(Pone cara de circunstancias). Fue muy duro, porque decir aquí colombiana es decir prostituta. Lo tenemos muy difícil. La gente está equivocada: las colombianas no somos prostitutas. Hay muchas que sí trabajan en ello, que lo tienen que hacer porque vienen engañadas. Pero no todas. Les dicen que van a servir de camareras en clubes y creen que son clubes sociales como el Casino o el Club de Mar. Luego la realidad es muy distinta. Piensa que dejaron allí hijos, familia y deudas inmensas. -¿Está tan mal Colombia? -(Más cara de circunstancias). Mi país es muy rico y bonito, pero está agonizando. Por ponernos cursis, está entre la vida y la muerte. Yo quise sacar a mis hijos de Colombia. Me vine con la pequeña. Quería salir de allí. La vida me ha enseñado a defenderme. Llevo mucho tiempo separada y sé salir adelante sola. -Después de la casa de acogida, ¿dónde estuvo? -Estuve en un piso tutelado por el Ayuntamiento, pero tuve la gran suerte de emplearme en la casa de Guillermo del Valle. Me acogieron como si fuera de su familia. Gracias a ellos estoy aquí legal. Puse mis papeles al día con la ayuda también de Comisiones. Me pude traer a mis otros dos hijos y regularizar la situación de todos. -¿Por qué vienen tantas? -Allí hay más de cuarenta años de corrupción política y de problemas económicos. Es un estado de violencia terrible. Ya la sufrí. Me mataron a dos hermanos. A uno, los atracadores callejeros. A otro, la guerrilla. Trabajas y trabajas y te pagan lo que quieren. Tienes que compartir la casa con otras familias. A mi hermano lo apuñalaron en la calle porque no tenía dinero que darles. Te matan tengas o no tengas dinero. Yo pensaba en mis hijos. No quería que los secuestrase la guerrilla o que los militarizase el Ejército. Si ves el hueco, te vas y no echas a deber nada. -¿Aquí también pasan penurias? -Cierto. El noventa por ciento de la culpa la tienen los que ya están aquí. Yo he escuchado a colombianas en los locutorios que no tenían dinero y que les decían a sus familiares por teléfono que estaban de maravilla. -¿Cómo llegan a la prostitución? -Las reclutan en el campo. Allí hay contactos que te ilusionan y te dicen que vas a ganar 130.000 pesetas al mes o más. Es diez veces más que lo que ganan. Llegan y puede que lo ganen, pero tienen que prostituirse. Yo he intentado ayudar a algunas que se quieren salir. Es difícil, deben ser fuertes. Deben el pasaje, que es mucho dinero, y están cazadas. Cuando quieres trabajar en otra cosa, la gente de aquí no te da una oportunidad. Te dicen: colombiana, no. Piensan en prostitución y narcotráfico. No es así. No siempre es así.