J.L. GARCÍA LÓPEZ PLAZA PÚBLICA
03 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En mi justita cultura geográfica no entraba la denominación de Pitiusas como nombre de un archipiélago; sin duda, porque he venido demasiado poco a estas islas, ya que con sólo ojear el periódico mañanero no tienes más remedio que reparar en la palabreja. Confieso, con cierto rubor, que a mí se me antojaba análoga al castellano pitusa a primera vista, es decir, pequeña, graciosa; como cativa en gallego. El hecho de que Pitiusas dé nombre a las islas de Ibiza, Formentera y a otras cincuenta más me pareció coherente con que aquella denominación tuviese que ver con el pequeño tamaño de las otras islitas que comprende. Pues, no. La denominación en cuestión a lo que hace referencia es a «ser lugar de pinos», esa especie de humilde árbol tan gallego -¿primo hermano del mediterráneo?-, que forma parte entrañable de nuestro entorno -la inmensa mayoría de los cuadros y de los dibujos siempre tienen un fondo de pinos-, de nuestro sistema ecológico y que se ha fundido en lo más hondo de nuestra cultura. Baste como botón de muestra la lírica del Gran Bardo en Queixumes dos pinos, en parte letra de nuestro himno. Ayer se produjo el segundo incendio consecutivo que arrasó varios pinares de la Pitiusa mayor: cuando oía los ir y venir de helicópteros y aviones intentando sofocar con agua el amenazante fuego no pude por menos de pensar en nuestros incendios. Hoy me decían que esperan sean muy numerosos, pues «este invierno casi no ha llovido»... Un experto gallego en estos temas me comentaba que en cuanto empiece el calor «os nosos pinares» tendrán el máximo riesgo de incendio: «Llovió mucho este invierno y la maleza va a estar muy alta...» ¡Paradojas de los pinos! Porque éstos, los primos hermanos, también tienen queixumes. Comer bien siempre es confortable, pero si la conversación gira en torno a lo coruñés, para mí lo es mucho más. En un coqueto restaurante del puerto deportivo de Santa Eulalia teníamos como invitada a una coruñesa que conozco desde niña y que, cada vez, está más afincada en las Pitiusas, ya que se escapa en cuanto puede a Formentera, isla que muchos ya consideran el paraíso balear. Por cierto, que el sitio se llama Margarita, que, para mí, con Carmen y Natalia son la trilogía femenina familiar. Y otra niñería más: a mamá, de pequeña, se la conocía como Petisa. Todo me incita a la placentera añoranza, en esta semana pitiusera.