La orina, según los expertos en conservación del patrimonio, es lo que más daña los edificios históricos La orina actúa en los monumentos como un buldocer. Le hace un daño, a veces, irreparable, letal. Dicen los que trabajan en la conservación del patrimonio arquitectónico que «nada castiga más a los edificios históricos que el orín y las cáscaras de las pipas». Por eso, contra aquellos que levantan la tapa del patrimonio arquitectónico, que no del inodoro, para dar rienda suelta a sus deseos irrefrenables de orinar, hay multas. El Ayuntamiento los reprende con sanciones de cinco mil pesetas. Son pocos los sorprendidos en tan indecorosa situación y muchos los recovecos de la ciudad utilizados para el desahogo urinario.
01 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hace años, un grupo de jóvenes fue capturado por las cámaras de seguridad del Palacio Municipal de María Pita. Orinaban en los soportales todos los fines de semana. Hasta que la policía local montó una noche un dispositivo especial. Todos tuvieron que pagar una multa de cinco mil pesetas, la sanción estipulada por el Ayuntamiento contra quienes confunden la vía pública con el retrete. Un caso que quitó el sueño a los cuidadores de la Torre de Hércules lo protagonizaban, no hace muchos años, las personas de avanzada edad que visitaban el histórico monumento. Entonces, no había urinarios en la zona y se aventuraban a subir los escalones del faro, con lo que ello estrangula la vejiga, sin antes matar las ganas. Para qué, si lo hacían en algún descansillo. Un olor fétido acompañaba la visita a la torre hasta que pusieron urinarios a los pies del faro. Guardas de seguridad En el castillo de San Antón, aparte de urinarios, pusieron vigilancia. Hoy, un hombre uniformado es el azote de los meones. No queda ni uno. Donde sí quedan, y muchos, es en decenas de esquinas, puentes y parapetos urbanísticos que dibujan el callejero. No importa el lugar si las ganas aprietan, si el rincón esconde. Pero hay rincones más débiles y sensibles que otros, aquellos que guardan tesoros arquitectónicos o monumentos. Porque como bien dicen los expertos en la conservación del patrimonio, nada castiga más a los edificios históricos que la orina y las pipas.