«Orfeo y Eurídice» atrajo a los mejores críticos musicales y a melómanos de Madrid, Oviedo y Bilbao A Coruña afinó el oído y se vistió de gala para saludar la llegada del Festival Mozart, uno de los orgullos culturales de la ciudad. El alcalde Francisco Vázquez, acompañado de su mujer, sacaba pecho en la última fila del patio principal. Un poco más abajo, cumbre de críticos, lo que da fe del alto nivel de lo que se cocía: allí estaban los especialistas de los principales periódicos nacionales. «Han venido todos», presumía el director del festival, Antonio Moral. De Oviedo, Bilbao y Madrid llegaron un centenar de melómanos.
20 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Acudió el número de espectadores que se esperaba, unos 1.500. No hubo lleno, que sí se producirá los días 31 de mayo y 2 de junio, cuando llegue el esperado turno de La flauta mágica, de Mozart. Javier Vizoso, jefe de prensa de la OSG, informó de que prácticamente ya se han vendido todas las localidades para esas dos fechas. Eso será el manjar del programa. Ayer, para abrir boca, se ofreció la versión concierto de la ópera Orfeo y Eurídice. Por el recinto se dejaron ver, entre otros, los miembros del gobierno local Javier Losada y José Luis Méndez Romeu y el concejal del BNG Mario López Rico. La escritora Mari Lar Aleixandre y el pintor Felipe Criado tampoco se lo quisieron perder. Quien no estuvo, aunque alguno de los asistentes seguro que se marchó a casa convencido de ello, fue el cineasta Fernando Colomo. Uno de los asistentes, clavado al director madrileño, originó la divertida confusión. Primó la mediana edad entre los espectadores. Pocos jóvenes se dejaron ver por en el Palacio de la Ópera, quizá porque la Orquesta Sinfónica todavía está haciendo cantera entre los aficionados menos veteranos. Entre las excepciones, una pareja de veinteañeros cuya imagen entremezclaba la estética Matrix con la del cantante de The Cure, Robert Smith. Largas gabardinas lucían, y también puntiagudos piercing. Moraleja: la clásica atrae a los modernos. De boda Otros acudieron al Palacio de la Ópera atraídos por otros motivos. Una vez que todos pasaron a la sala, una pareja de recién casados tuvo vía libre para posar en los soportales del Palacio de la Ópera. El fotógrafo Kake dirigía fuera los movimientos del enamorado dúo mientras, dentro, López Cobos movía a su antojo a la Sinfónica. Ayer, en fin, nació un matrimonio y también un festival que ha casado la ciudad de A Coruña con los especialistas en música clásica.