JULIÁN CARRILLO CRÍTICA MUSICAL
15 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Volvió Josep Pons a cambiar el orden del programa, con su gran sentido para dirigir, junto a la orquesta, las reacciones del auditorio. Ya lo hizo en diciembre, intercambiando Bartók y Bernstein; repitió jugada el viernes dejando como final El Mar, más conocido por el público y mejor preparado que los Nocturnos, que adolecieron de una cierta imprecisión y en los que el coro anduvo algo rígido, faltándole algo de ligazón. Tras un Falla muy personal, el Concierto para arpa y oboe, de Henze; un acierto de programación, en la línea de la OSG de dar a conocer el repertorio del siglo ~XX que tan necesitado está de divulgación. Obra de gran riqueza tímbrica y rítmica en la que el autor engarza las atractivas melodías de los solistas: los ataques del arpa -cómo tocó la cadenza Landelle- y los sonidos casi imposibles del oboe, en los que Hill hizo una gran interpretación, con increíble control de la emisión y unas increíbles facultades. Si una cualidad destaca en Pons es su gran musicalidad, siempre al servicio de cada partitura y autor. Su interpretación de El Mar fue una auténtica lección de cómo distinguir las diferentes líneas melódicas y equilibrar las masas sonoras. Y, por lo que se ve, no sólo sonoro sino también en el trabajo; lo evidencia la ovación de los músicos al final. Orquesta Sinfónica de Galicia. Josep Pons, director. Falla, La Vida Breve, interludio y danza. Henze, «Concierto para arpa y oboe», «Debussy», «Tres Nocturnos», «El Mar».