La frustrada visita de Alfonso Guerra

La Voz

A CORUÑA

La vidriera de Casa Odilo siempre fue un tablón de anuncios. Cuatro botellas de albariño Morgadío daban la bienvenida a los clientes hasta ayer mismo. Las barricas de roble, blancuzcas ya por el paso del tiempo, adornaban en la pared donde un quitapenas de madera lucía como singular mando a distancia. En la trastienda, la parte que en otros tiempos sirvió como vivienda a Odilo y Felita, los parroquianos apuran las últimas tazas de vino con indisimulada nostalgia. «Aquí vino toda la vida gente de todas las clases, desde políticos famosos a paisanos normales. Nunca tuvimos un problema y eso sí que es un orgullo», relata Odilo. Una pena sí le ha quedado al veterano tabernero. «Una vez estuvo a punto de venir Alfonso Guerra, estaba todo preparado, pero al final se tuvo que suspender por no se qué problemas», relata con cierta pena Manuel. «La gente aquí siempre fue estupenda. Dejabas abierto el local, que pasó varias veces, y no te robaba nadie. Una vez nos fuimos de vacaciones y hasta se quedaron los clientes con las llaves trabajando para nosotros. Por eso, sólo queremos que toda la ciudad sepa que siempre les tendremos cariño», se despedía ayer Felita. Luis Ángel, el nuevo dueño, la consolaba. «Sólo vamos a ampliar la cocina y arreglar los servicios. El espíritu del local será el mismo, porque yo me considero de la familia», afirma.