Animun organiza un torneo de fútbol entre los niños de los poblados gitanos
04 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Una bola de trapo fue el primer esférico de Ronaldo cuando sus pies descalzos corrían entre las favelas brasileiras. Mientras, las manos de Antonio, El Gitano, entrenaban para llegar a masajear los gemelos de Bebeto. En los poblados del cuarto mundo coruñés medio centenar de niños quizás no lleguen a volar tan alto en esto del futchibol, aunque al menos chutando se alejarán de los peligros de calles donde la marginación se instala en las aceras. Dale al balón es el nombre del proyecto para el que Animum (División Azul 1, teléfono 981 266 405) busca patrocinadores. Contar con un auténtico deportivista como padrino -el nombre de Mauro es el que primero suena- es sólo el gancho deseado por esta ONG para ganarse la atención de los chavales que, escasos de oportunidades aunque no de sueños, sobreviven a la miseria en los poblados urbanos. Equipos para una liga Ya hay cuatro equipos dispuestos, dos en O Portiño, otro en As Rañas y el de los muchachos que corretean entre las ruinas de la Conservera Celta del Pasaje. Un ejemplo de integración contra todo prejuicio sobre las tradiciones calés: no son muchas, pero en las plantillas también juegan las chicas. En mayo, disputarán su primer torneo, anticipo de lo que se espera que la próxima temporada sea una liga con quienes comparten edad -de doce a dieciséis años- aunque las chabolas le suenen a extranjero: los niños de entidades sociales del llamado primer mundo coruñés. Un antiguo jugador argentino, poeta y fotógrafo a la vez, se ha ofrecido a entrenar a la escuadra del Pasaje. Las demás ya cuentan con directores de orquesta prestados por la solidaridad anónima. Para ellos pegar patadas no es más que una excusa y el juego la oportunidad de marcar goles a un tiempo libre amenazado por jeringuillas y navajas. La disciplina y el compañerismo compartirán un banquillo que queda allí donde la mayoría sólo llegará a correr la banda sin quemarse los codos, el campus universitario de Elviña. Ese será el escenario para disfrutar de quiebros de cintura, penaltis o corners y aprender a regatear a otros enemigos ajenos a razas y que, más que a menudo, parasitan en la marginación antes de cumplir la mayoría de edad. En la final estará en juego la victoria sobre el alcohol, las drogas, los embarazos no deseados o el sida.