El posible hurto de material de tender la ropa y un felpudo, origen de una demanda por amenazas Una acusa a la otra de haberla amenazado de muerte e intentar agredirla. La denunciada se defiende. Asegura que todo es falso. No sólo eso, contraataca. Afirma que la demandante le roba las pinzas de la ropa y el felpudo. Dice que entra en su casa y le abre las ventanas y, además, mete palillos en su cerradura. «Aprovecha que yo me voy y me olvido la puerta sin cerrar», explica. Son M.P.V. y E.B.G., vecinas de Oleiros. Ayer llevaron sus disputas al juzgado. Está por ver si allí alguien pone fin al complejo entuerto.
16 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aparece un testigo. Dice que no vio nada, pero lo oyó todo. Sintió como E.B.G. bajaba por la escalera, «iba gritando vascos sí, ETA no», explica. Después escuchó como aporreaba la puerta de M.P.V. Todavía hay más. Relata que una voz exclamó en alto «quítale las manos de encima a mi marido». Este hombre de tan fino oído no es muy del agrado de la defensa. Resulta que tiene un pleito con la demandada. La jueza le pregunta si muestra preferencia hacia algunas de las partes en conflicto. Él responde que no. Al abogado se le escapa una risa y la jueza le llama al orden. «Usted sabe bien que esa no es manera de proceder en una sala», le reprende. Más tarde volverá a llamarle la atención. Los motivos: hacer preguntas en tono irónico y llevar la toga mal puesta. Durante la vista, M.P.V. explica como E.G.B. le suele llamar «ladrona y puta», cada vez que la ve en el balcón. También se refiere a las amenazas de muerte, de las que dice podrían cumplirse en cualquier momento ya que la acusada suele pasear «con una barra de hierro en la mano». La demandada, por su parte, no da crédito a lo que escucha. Afirma que el litigio es «como una sombra, que no sé de dónde viene. No me lo puedo creer» y tacha de falsas todas las acusaciones.