El público secundó masivamente la propuesta del primer Festival de Música Electrónica de la Universidad Cuatro de la tarde del sábado. A Coruña sestea. Mientras algún atleta del frío se zambulle en las aguas de Riazor y los canes transitan con pereza por el paseo marítimo, las tribus del más variado pelaje se mezclan en la penumbra del Playa Club. En la discoteca ya ha caído la noche. La noche cibernética, que se caldea al ritmo hipnótico que imponen trece de los más acreditados «DJ''s» de Europa. Es «Fisterra 2001», el primer festival de música electrónica organizado por la Universidad de A Coruña.
03 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.El paisaje rompe los cánones: desde pijos desnortados a grunges de cabellos trenzados a lo rasta, pasando por el modelo oficial: visera de béisbol, aro en el lóbulo y un pantalón diez o doce tallas más grande de lo necesario. Atruena la mezcla de Grazzhoppa (que, en algo parecido al inglés, se traduce por el Saltamontes). Entre los 20 y los 25 años, algún aguerrido noctámbulo presume de haber enganchado con la última madrugada. Las puertas de este maratón cibernético permanecieron abiertas ininterrumpidamente desde las 10 de la mañana a las 11 de la noche y, a primera hora, ya desembarcaron en la pista los más inquietos, los que no tenían prisa por acostarse. En ese momento se rozó el lleno en la discoteca. La entrada era gratuita y eso siempre tiene tirón. Por la tarde, el panorama se ajusta más a las escenas nocturnas que habitualmente se dan en el Playa. Las copas desfilan por la barra sin tregua. Algunas gafas de sol, entre las tinieblas diurnas, y muchos cuerpos que se agolpan, brincan, beben, sudan y sintonizan con unos ritmos más creativos de lo que se antojan a la primera de cambio. Frank H., Vadim, Dynamo, Fake o Tunakan pasan por la tarima dando el relevo a popes como Dr. Smoke. Al fin, cae la noche. La de verdad. Y sigue la fiesta electrónica.