Como en el famoso anuncio televisivo, todo el mundo necesita un descanso, incluso los relojes. El del Obelisco decidió ayer tomarse un merecido respiro después de cien años de funcionamiento. Durante casi doce horas permaneció en huelga de tic-tac pero su protesta no duró mucho a pesar de que la mayoría de los transeúntes ni se percataron del plante del artefacto. Antonio González, encargado de mantenimiento de la maquinaria del reloj, puso fin a esta sublevación y reparó el fallo. Las lluvias y el mal tiempo de los últimos días hicieron que la cuerda del aparato no durase toda la semana, «como lo hace generalmente», indicó González. Como norma general, cada semana el reloj del Obelisco recibe su correspondiente baño de grasa y limpieza de las piezas, además de una dosis de cuerda suficiente para que su agujas no dejen de seguir el ritmo del tiempo. Todo esto se hace con una sencilla maniobra desde la plataforma del monumento. El encargado de mantenimiento sólo recuerda otro fallo en la maquinaria del artefacto. «Fue hace diez años, cuando comencé a ocuparme de su cuidado y tuve que subirme a la grúa del camión de bomberos para repararlo», comenta. En esa ocasión el mal tiempo se había cebado con la cima del legendario monumento y sus piezas se habían agarrotado y no se movían. Desmontado Antonio González sucedió en este puesto a su suegro que se había encargado del mantenimiento del aparato durante toda su vida. «Recuerdo que hace cerca de 22 años el problema había sido más gordo y se tuviera que desmontar el reloj y enviarlo a reparar a un taller especializado, ya que su maquinaria es suiza», relató. A pesar de todo, el mítico reloj del Obelisco ya lleva en sus espaldas más de cien años dando las horas sin ningún fallo, sólo un poco de cuerda.