CARLOS FERNÁNDEZ PERSONAJES CORUÑESES
16 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Uno de los personajes más populares y entrañables de A Coruña en el último cuarto de siglo. Como médico, es un dechado de amabilidad y compresión con sus enfermos; como entendido en toros, es el número uno de Galicia y de los mejores de España; como esposo y padre de familia numerosa, nunca hubo mujer e hijos tan bien amados y servidos; como coruñés, defiende a su ciudad con más fervor que su propio alcalde; como escritor y cronista periodístico, conecta enseguida con sus lectores. Su único pero es que habla más que escribe y le puede ocurrir como a Ramón García Barros, que no dejaron libros de sus ricas y variadas vivencias. Aunque está a tiempo. Elecciones Segura fue candidato al Congreso por Alianza Popular en las elecciones generales de junio del 77. Se presentó por A Coruña y ocupó el número cuatro de la lista que encabezaba Victoria Fernández-España. Después sería alcalde de Miño, en la candidatura de UCD. Pudo haber seguido en la política y llegado más alto, pues cualidades tenía para ello, pero no lo hizo, ya que sus principios éticos no sintonizaban con la feria de las vanidades en que se estaba convirtiendo la transición a la democracia. El doctor Segura sigue fielmente la autodefinición de don Gregorio Marañón como «trapero del tiempo», pues lo saca para cualquier actividad. Mantuvo su consulta de dentista durante bastantes años; tiene un apreciable colección de miniaturas militares; su biblioteca de toros es única en Galicia, y la de la Guerra Civil y el Franquismo es muy apreciable; mantuvo en años difíciles la llama del Fútbol Club Barcelona y sus directivos, especialmente Casaus, le tiene en gran estima; es un gran entendido en flamenco y sabe como nadie la historia de A Coruña y de sus gentes. A ello le une el conocimiento del mundo rural gallego, en el que pasó bastantes años de su profesión. En Finisterre dejó una huella imborrable, puesta de manifiesto en un multitudinario homenaje recibido. La envidia de algunos mediocres, a los que deja en evidencia a poco que empiece a hablar, hace que, a veces, no reciba el reconocimiento que su haber y talante humano siempre ha merecido. Tampoco es que le importe mucho.