Un incendio arrasa un monte a escasos metros de la refinería

A CORUÑA

Los bomberos necesitaron casi tres horas y la ayuda de un helicóptero para controlar las llamas El polígono industrial de A Grela se tiñó ayer de un denso humo negro. El origen de las llamas estaba en el matorral de la colina de Cances, un monte poblado de casas bajas que se extiende desde el Ventorrillo hasta los dominios de la refinería. El fuego empezó _por causas desconocidas_ poco después de las cuatro de la tarde. Los tres equipos de bomberos del parque coruñés recibieron el apoyo de sus colegas de Arteixo, de un equipo de la Xunta y hasta de un helicóptero para evitar que el foco afectara a las viviendas.

08 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La voz de alarma se dio poco después de las cuatro de la tarde. El fuego empezó a escasos metros de las primeras casas de la zona de Penamoa, pero la fuerza del viento pronto desplazó las llamas ladera abajo, rumbo a la avenida de Finisterre, en el lugar de Cances y A Silva. La cercanía de los depósitos de la refinería aumentó la alarma de los vecinos, aunque los tanques de crudo nunca estuvieron en peligro. «Si hubiera el más mínimo indicio de amenaza, los efectivos desplegados serían muchos más», confesaban desde Protección Civil. El escarpado perfil del terreno y las tortuosas pistas que cruzan el monte complicaron además el despliegue de los bomberos y del servicio contraincendios de la Xunta. Con la ayuda de la Policía Local, el tráfico fue reorientado y los pesados camiones pudieron situarse en primera línea para extinguir el incendio. Cuando las primeras llamas empezaban a amenazar las viviendas situadas en la zona de Cances, a escasos metros de la avenida de Finisterre, los bomberos reclamaron la ayuda de un helicóptero. La aeronave descargó varias bolsas de agua en los focos más activos del fuego, lo que permitió a los operarios controlar las llamas en algo menos de tres horas. Provocado Pese a que ningún portavoz oficial quiso pronunciarse sobre el origen de las llamas, en la zona pocos son los que dudan que fueron provocadas. «No sabemos por qué ni por quién, pero es muy sospechoso que haya un incendio cada poco tiempo», bramaba uno de los propietarios. El fuego se saldó sin daños personales. Tampoco ninguna de las viviendas de la zona sufrió desperfectos aparentes, salvo la lógica humareda y el olor a chamusquina. Veinte mil metros cuadrados de monte bajo y algún árbol sucumbieron pasto de las llamas.