Un cartel de lujo cerró la primera edición del festival coruñés de música folk Todo resultó como estaba planeado y la fortuna se alió con el festival «Noites Celtas». El calendario estelar de conciertos podría contar desde este año con un nuevo miembro de calidad. Algunos se quejaron de que quizá como todo lo bueno, resultó breve. Whelan, Rigler y Luar na Lubre se entregaron desde el primer momento, y el público lo agradeció. Fue una combinación perfecta de elementos la que ayer ocurrió en Riazor. El folk es mucho más que misticismo y ritmos ancestrales. Un todo que hace vibrar el alma.
05 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El festival de música Noites Celtas clausuró ayer su primera edición con gran éxito de público. No se puede pedir más. Hasta la ciudad se acercó lo mejorcito del folk: la gaita de Rigler, el acordeón diatónico de Whelan y la dulce música de «nuestro» Luar na Lubre. Algo huele a orillas del Atlántico. Ya lo decían estos dos artistas extranjeros hace unos días: se siente un fuerte vínculo común, que a modo de cordón umbilical, marca la cultura y tradiciones de los pueblos que miran al océano. Los primeros aficionados fueron instalándose en corrillos que llenaron el arenal de un bullicio tranquilo. Este tipo de música arrulla el alma mientras el cuerpo se abandona al relajo sosegado. Ruló la litrona de cerveza, el calimocho y el aire se impregnó de un familiar olor dulzón. Eric Rigler empezó la fiesta y se encargó de caldear el ambiente, un tanto fresco de temperatura. «¿Y éste quién es...?», preguntó un imberbe de estética revolucionaria a su amigo, «...¡ah!, creo que es el tío que compuso algunas melodías para las películas de Titanic y Braveheart. Muy bueno». Una de acordeón Para muchos, el acordeón hasta ayer no resultaba un instrumento demasiado glamuroso. Pero tras oír cómo toca Whelan, se puede entrar en serios conflictos con los prejuicios más internos. Interpretó temas de sus trabajos Come to dance, Celtic Crossroads o Flirting with the Edge. Fue algo más que divertido. Pero, el cenit se alcanzó cuando aparecieron Bieito y compañía sobre el escenario. Su trabajo ha hecho correr ríos de tinta y desde su formación en 1986, son abanderados de la cultura gallega por el mundo.