Atraca en A Coruña el «Palinuro», con 116 cadetes suboficiales de la Armada italiana El «Palinuro», buque insignia de la armada italiana desde 1950, replegó sus 1000 m2 de velamen en el puerto ártabro tras dos meses de travesía. La tripulación disfrutará de cuatro días de merecido descanso en el contexto de la campaña de instrucción 2000 para los cadetes suboficiales. Al mando se encuentra el capitán Pamphilis, un hombre enamorado del mar y con más de veinte años de tempestades a sus espaldas. En el mascarón de proa, la figura del timonel troyano de Eneas recuerda su pacto con Neptuno.
05 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Virgilio recogió en su poema de La Eneida la empresa confiada por los hados a Eneas. Este semidios, hijo de mortal y Venus, fundó la ciudad de Albalonga que, con el tiempo, llegaría a convertirse en la antigua Roma. Durante su viaje, muchos fueron los peligros a los que tuvo que enfrentarse. Palinuro fue el nombre del fiel timonel, que decidió sacrificarse al caprichoso dios del mar para que las aguas amainaran su furia. En recuerdo de aquella gesta, la Armada italiana decidió reflotar con ese nombre un antiguo barco de pesca y convertirlo en buque escuela. El Palinuro partió del puerto italiano de La Spezia el 23 de mayo, con una dotación de casi 120 futuros suboficiales. Matteo, el vikingo italiano y el menor de los oficiales, declara con orgullo que «para todos estos jóvenes, entre 18 y 25 años, el mar es la pasión de sus vidas». Giorgio, habitual de la tripulación, confiesa con sentimiento latino que «esta existencia tan dura, sólo se soporta si el mar te cautiva el alma». Salvo alguna que otra escala en la ruta, la disciplina y el orden son las constantes en el trabajo. Pero tampoco queda tiempo para aburrirse. En turnos de cuatro horas se desempeñan tareas de limpieza en cubierta, control de puente y mantenimiento de las velas. Subir al palo mayor o a desenrrollar la mesana supone elevarse unos 35 metros sobre el nivel del mar, así que estos chicos están vacunados contra vértigos. El capitán Pamphilis sonríe cuando se le insinúa la volubilidad del corazón del marino. Y deja entrever que allí por donde pasan, más de una fémina despide al barco entre gruesas lágrimas. Muchos es la primera vez que visitan España y admiten que «parecen sentirse como en casa». Durante su visita a Málaga y A Coruña han comprobado que el carácter español es afable y prometen volver. El sábado empujados por el viento en las velas pondrán rumbo hacia el puerto francés de Brest con una velocidad de 8 nudos por hora. Buen viaje.