Los coruñeses se lanzaron a los arenales y se encontraron un calor que no aguantaron ni las bañistas más veteranas Ni las veteranas. Ni los más viejos del lugar. A las once de la mañana los termómetros coruñeses ya tenían el mercurio en los 29 grados y quien más o quien menos metió el bañador en la bolsa. En la playa de Riazor un grupo de estudiantes de instituto bromeaban con un «me río yo del sol en las Canarias». Eran las tres de la tarde y el sol pegaba con tanta fuerza que Protección Civil tuvo que atender más de una quemadura. También informaron de casos de mareos por culpa de quedarse tumbados sin mojarse en un mar que, para unos, estaba frío y, para otros, estupendo. A Coruña parecía más que nunca el pequeño Río de Bebeto.
16 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.La gran invasión se produjo por la tarde, entre las cinco y las siete. La mañana fue más tranquila, pero la afluencia de bañistas anunciaba el pleno que, horas después, se cumpliría. El arenal de Oza tuvo una mañana tranquila. El grupo de jubilados fijos que declaran abierta la playa estaban allí con su balón. Señoras con niños pequeños completaban el escenario. La concurrencia se multiplicó por la tarde. Lo mismo sucedió en Santa Cristina. La cruz de esta playa del municipio de Oleiros volvió a ser el coche. Después de la comida encontrar sitio para aparcar era casi un milagro. En el arenal que mira hacia el interior de la ría se veía a los de siempre (mucha gente de Os Castros casi puede pasar lista): las pandillas de jóvenes con playeros de estrella de la NBA y música techno a tope que rompían la tranquilidad de la tarde. Peor era en Riazor y el Orzán. Por la tarde sólo se podía tomar el sol de lado. «Aquí conoces gente _bromeaba una bañista_. Para echarte crema casi se lo tienes que pedir al que está dos toallas más abajo». La joven, veterana (su color Caribe Mix la delataba), decía que «no recuerdo un día en que el sol pegara tan fuerte. Voy a recoger y marcharme». Lo cierto es que le hacía un favor con su hueco al resto, porque llegar a media tarde a Riazor e intentar extender una toalla era buscarse la amenaza o la ruina. En San Amaro al mediodía había algo más de sitio. La tónica fue pegarle un regate al trabajo y refrescar en la playa los 34 grados y medio que, según el Centro Meteorológico Zonal, se registraron.