Un reencuentro colmado de recuerdos amargos

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo VIGO / LA VOZ

GRADA DE RÍO

Borja Oubiña disputó todo el encuentro entre el Celta y el Getafe en 2007.
Borja Oubiña disputó todo el encuentro entre el Celta y el Getafe en 2007. m. moralejo< / span>

El Celta descendió en 2007 en un duelo frente al Getafe, su próximo rival

18 sep 2012 . Actualizado a las 17:58 h.

La última vez que Celta y Getafe se vieron las caras en un partido en Primera fue el 17 de junio de 2007, una fecha marcada a fuego en la historia vital de los celestes. Fue el día que se consumó el descenso a Segunda División. Comenzaba una travesía en el desierto que duró más años de los previstos y deseados.

Con Balaídos como escenario, el Celta-Getafe de 2007 reflejó en el marcador final un 2-1 que no fue suficiente, puesto que los rivales en la lucha por la salvación no fallaron. Fue una jornada de transistores en la que la grada local pasó por todos los estados de ánimo. Terror cuando el Getafe se adelantó con gol de Redondo, esperanza cuando Bamogo puso el empate, euforia cuando Lequi subió el 2-1, y desolación cuando llegaron noticias de lo que sucedía en los Athletic-Levante y Santander-Betis, resultados no exentos de polémica, pero que fueron inamovibles. El Celta descendía y las esperanzas celestes se esfumaban tras una tarde cargada de tensión.

Los supervivientes

Con el descenso ya como un recuerdo amargo, el Celta se prepara para afrontar su reencuentro con el Getafe en la élite. Las circunstancias son bien diferentes, aunque la intención es la misma. Ganar. De aquel Celta que de 2007 quedan todavía testigos directos en el equipo. Es el caso de Borja Oubiña. El capitán celeste presenció sobre el césped la victoria inútil de su equipo y vivió en primera persona la decepción del descenso.

Lo mismo sucedió con Jonathan Vila, que tras cuatro temporadas en el Celta B disfrutó de sus primeros minutos en la élite esa temporada. En el partido frente al Getafe el defensa salió en el minuto 78 en sustitución de Núñez, por lo que también sufrió sobre el césped de Balaídos el angustioso final del encuentro.

El sábado, cuando los dos equipos salten a Balaídos, no se reeditará la tensión de hace cinco años, aunque ambas escuadras parten con la misma necesidad de sumar puntos. Los madrileños atesoran 4 y llegan espoleados tras su derrota con el Barcelona, mientras que los celestes necesitan reencontrarse con el triunfo para confirmar que su apuesta futbolística no se va de vacío, y que Balaídos será un fortín.