Hace una semana, en la previa de la visita del CD Lugo a Tenerife, Yago Iglesias declaró que el desplazamiento a la isla venía a ser como visitar al dentista. Parece que finalmente se aplazó dicha visita y fue el dentista el que se presentó en tu propia casa en forma de filial madridista una semana después.
Los jóvenes es lo que tienen, son atrevidos, valientes, vigorosos, enérgicos, osados, sin embargo, también son despreocupados, irregulares, por momentos indisciplinados. Los jóvenes futbolistas de una cantera tan nutrida y preparada como La Fábrica, además tienen un talento extraordinario y un físico portentoso.
La mala suerte para el Lugo es que ayer se reunió la tormenta perfecta, la irregularidad propia de la juventud no estuvo presente, la indisciplina o mejor dicho las lagunas propias en momentos puntuales de los partidos, tampoco apareció, así que se pareció mucho a un equipo perfecto, con unos genes perfectos que pasó como un ciclón por el Anxo Carro y dejó a los nuestros sin respuesta.
Juntó peloteros el equipo rojiblanco y salió sin jugadores de banda específicos, si bien solo disponía de dos y se decidió que partieran desde el banquillo. Unir centrocampistas podría garantizar el manejo del balón, pero desgraciadamente futbolistas preparados para monopolizarlo se vieron obligados a correr detrás de él. Un partido abierto supone riesgos, también oportunidades.
En este caso el riesgo fue tan alto que el equipo por momentos no podía atacar con garantías de llegar al área adversaria pero tampoco era capaz de ser un equipo armado defensivamente.
Los goles fueron llegando con tanta delicadeza que incluso fue narcotizando al público que no fue capaz de reaccionar ni para animar ni para mostrar su desacuerdo y el estadio se fue fundiendo en un silencio respetuoso ante la superioridad madridista. Lo peor, perder, lo mejor, que solo son tres puntos y quedan treinta por jugar.
Salir de los puestos de honor después de dos semanas es como dejar un hotel de cinco estrellas para irse a pasar la noche a una habitación compartida, con vecinos incomodos que no te dejan descansar. Solo es una noche, mañana seguro que todo se verá mejor. Pep Guardiola, el miércoles en el Bernabéu después de la sonada derrota de su equipo, comentó que ahora tocaba cenar, descansar y que mañana se irían animando. Habrá que hacerle caso.