Un punto para presumir


Ser capaz de rascar algo en un campo que no es de nuestra liga es notable. Hacerlo en un estadio de referencia del fútbol español tiene un valor añadido. Y, por qué no decirlo, conseguirlo en un partido de rivalidad regional le da un sabor especial. Porque no hay que ruborizarse por ello, es bueno molestar, hacerse notar, dejar de ser el vecino inofensivo, eso sí, sin crear rivalidades artificiales e innecesarias. Un punto inesperado y peleado contra un rival que, si todo transcurre con normalidad, está llamado a ascender anticipadamente.

Celebrar el empate con especial satisfacción no tiene que dar vergüenza. Quien más, quien menos, sobre todo teniendo en cuenta la ausencia de Vieira y Josete, centrales titulares consolidados, no esperaba mucho del partido. Con sacrificio, lucha y sufrimiento se consiguió sacar un punto que puede marcar la diferencia al final de temporada. Tampoco debiera avergonzar las armas que utilizó el Lugo para llegar a este resultado. Un planteamiento defensivo, con las líneas muy juntas y siendo muy solidarios en las ayudas desactivó completamente a un Deportivo oxidado después del parón navideño que no fue capaz de meter una marcha más para imprimir velocidad. Algo de mérito tendrá el Lugo en el atasco ofensivo que sufrió el Dépor.

Porque al final, la realidad es inopinable. Empate a cero tras 90 minutos más el descuento, por más que desde A Coruña se afee que el Lugo parase el partido cuando estaba con dos jugadores menos. Muy demagogo habría que ser para no reconocer que el equipo blanquiazul habría hecho lo mismo en idéntica situación. El instinto de supervivencia se agrava en situaciones de necesidad e inferioridad, como bien recordarán los seguidores deportivistas. Fastidia cuando te lo hace el rival y se celebra si a tu equipo le sale bien.

En todo caso, la actuación rojiblanca en Riazor se mantiene en la misma línea de las últimas semanas. Competitivos, rocosos y difíciles de doblegar. La permanencia pasa por ahí. Y también pasa por que los aficionados rojiblancos empujen como lo hicieron el domingo. Pocos, sí, pero peleones y orgullosos, a pesar de que el derbi gallego fuese considerado por algunos como un sucedáneo y no sea de pata negra. Un punto para seguir creyendo y para echar fuera complejos de inferioridad al enfrentarse a equipos de poderío, por muchos títulos e historia que tengan. La segunda es así.

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