Quinto partido consecutivo sin perder. Solo un equipo ha vencido en el Ángel Carro en ocho jornadas. El Club Deportivo Lugo solo ha sido derrotado en tres fechas y nadie le supera en este ámbito. Competitividad.
El Real Valladolid, pese a sus significativas bajas, controló el partido mayoritariamente durante la primera mitad. Quizá, durante ese intervalo, fue el mejor equipo que ha visitado Lugo. Sacó el balón jugado desde atrás, desde su primera pieza: el internacional Kepa. Con paciencia, clarividencia y llegada, el primer intervalo fue vallisoletano. En mediocampo, el experimentado Álvaro Rubio aportaba el toque, la pausa y la inteligencia. Juan Villar, una de las revelaciones de la temporada y su futbolista más determinante en este campeonato, ayudaba en la creación y desahogaba. Ángel García, lateral izquierdo del filial, se graduó en anticipación; y el central izquierdo Mario Hermoso, cedido por el Real Madrid, cumplió con suficiencia, al igual que Javi Chica, incluso este sumándose al ataque. No obstante, los lucenses contaron con una de las mejores opciones: pase filtrado de Pau Cendrós al desmarque de Iriome, cuya profundidad le convierte en un futbolista diferente, pero su centro no encontró rematador.
Los rojiblancos, que venían creciendo desde el Ecuador de la primera parte con el liderazgo de Fernando Seoane y posesiones, controlaron la segunda parte sin permitir ocasiones. El conjunto pucelano solo podía dañar en balón parado, donde la inferioridad numérica es menos definitiva.
Milla, con coherencia, introdujo a Molinero, extremo puro, para alargar el campo y, así, castigar a un rival con diez hombres desde el minuto 50. Molinero ha producido un gol partita y una asistencia en apenas 68 minutos ligueros. Joselu se une en dinámica goleadora (ya había anotado en Copa en Córdoba), positivo por lo que a moral se refiere en un punta móvil y que aporta intangibles.