Un duelo atractivo e igualado. Un regalo para el espectador. El Lugo se defendió con la pelota en la primera mitad. En su opción más factible, anotó. Reacción intuitiva de Pereira, quien sin dejar botar el balón demostró su clase con prontitud en el gesto. Pese a ello, las opciones más factibles en ese intervalo las gozaron los ilicitanos. Pau Cendrós sufrió cuando le atacaban a su espalda. Pero está José Juan, quien marca diferencias. Ya se ha erigido en el portero más destacado de la historia del club en sus ya cuatro temporadas. Sin lenguaje gestual, pero en rendimiento empírico. En datos. Los rojiblancos gozaron de opciones para ganar. Pablo Caballero es sinónimo de peligro y, pese a su estatura, sus bajadas al mediocampo cooperan en la creación y sus descargas a banda crean desajustes. Asimismo, es el primer defensa: tanto en la creación rival como defendiendo el balón parado. Los lucenses sufrieron en los balones divididos y en unos para uno ante sus talentosos pares. No obstante, se consolida el fortín del Ángel Carro, quien demostró su memoria al aplaudir a Pelayo. Gestos que crean club. Crecer.
El miércoles, un partido para agradecer. Nos visitó un equipo que conquistó cuatro títulos europeos en la última década. Los lucenses dispusieron de la pelota con fluidez. Los suplentes provisionales se reivindicaron. Jon García volvió a disputar un partido desde su lesión en febrero. Volvió como quien retorna un martes a la oficina tras trabajar un lunes. Con una facilidad insultante. Ágil, veloz, con salida de balón y, pese a su no excesiva estatura, con una capacidad de salto formidable. David de Coz, en su cuarta temporada, lució el brazalete. Un gesto que merecía por su profesionalidad y compromiso. A David se le vio físicamente impecable, ofensivo, ofreciéndose cual extremo y con soltura. No sufrió pese a marcar a una joya como Reyes. Fernando Vega, en sus primeros minutos como rojiblanco, transmitió buenas sensaciones. Para cerrar el círculo, Dani Pedrosa marcó el gol de la victoria en un encuentro que sirvió para que un niño bueno (y con clase) como Keko volviese a jugar con su camiseta. Y presenciar en directo cada golpeo en largo del «mago» David López es un privilegio. Qué escándalo.
Veinte puntos. Más cerca. Confianza.