Imaginemos que no existe la tabla clasificatoria, hagamos un ejercicio de fútbol ficción. Las jornadas transcurren, se gana y se pierde, pero no existe un ránking que cuantifique la prestación de los equipos. Ahora pensemos en los resultados cosechados por el Lugo en lo que va de competición: dos victorias y cuatro empates. Todavía nadie ha logrado doblegar a los rojiblancos, que no han estado por detrás en el marcador en los 540 minutos disputados. Cinco escasos goles a favor, pero solo tres en contra, faceta esta en la que se sobresale muy por encima del resto. Unos números más que decentes con todo lo que cuesta poner en marcha un proyecto bajo la batuta de un nuevo técnico. Olvidémonos de los engañosos puestos clasificatorios que poco dicen por lo de ahora.
Son cifras objetivas, poca discusión tienen. Caso diferente es la del juego, el estilo empleado para conseguirlas. Difícil será ponerse de acuerdo, más aún cuando las comparaciones son odiosas. Milla ha armado en tiempo récord un equipo rocoso, difícil de doblegar, que sabe a lo que juega. Y eso en esta categoría es oro puro. Es evidente que aún no se ha conseguido la fluidez en la parcela ofensiva a la que están habituados los ocupantes del Ángel Carro, pero aún es octubre. Esto solo acaba de comenzar y los detalles a ajustar son incontables. Hay mucha pólvora arriba, el equipo es largo, dispone de una de las mejores parcelas medias de la categoría y parece que tiene claro lo que quiere. El rodaje acabará por ensamblar las piezas. Un proceso natural en todo aquello que empieza a ser construido
Otra cosa es la eterna comparación de lo que había con lo que hay. Tramposa y absurda a partes iguales. Dos etapas diferentes, con distintos protagonistas. Una que es parte de un pasado exitoso del club y otra que constituye el más real y crudo de los presentes. ¿Cuándo se podrá empezar a juzgar el rendimiento deportivo del proyecto Milla por sí mismo? Sería de justicia que la máquina del tiempo se desactivara de una vez por todas y se mirase solo hacia adelante para poder ser más ecuánimes. Una trayectoria notable hasta el momento que es rehén de una sombra todavía muy alargada.