Otra vez en el límite

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

Desde la distancia donde vi el partido me pareció un Lugo más irreal, pero reconocible por todos sus gestos externos. Nada ha cambiado sustancialmente en el apartado deportivo de los rojiblancos en su temporada más tenue desde que retornó a Segunda División. Lo más meritorio del equipo lucense radica en su afán de superación en el límite de sus posibilidades, cuando ya todo parece perdido y la caída al abismo se asume como casi inevitable. Máxime, cuando el ojo de algún tuerto le ha mirado esta temporada con zafiedad en el capítulo de las lesiones y las turbulencias institucionales han agrietado su infraestructura. Todos lo querían, entre todos lo mataron y él solito se murió, podría escribirse sobre un inmediato epitafio si el sentido común y la responsabilidad no retornan a A Cheda. Pronto o no muy tarde saldremos de dudas. Por eso, como el Ave Fénix, el Lugo suele resucitar de sus cenizas y se aferra al último suspiro victorioso cuando la soga ya parece apretarle definitivamente. Entonces y, solo entonces, el equipo saca la casta aparcada a domicilio y resurge con fuerza en las riberas del Miño. Hay algo consustancial en este tipo de resurrecciones in extremis solo achacables a una magia escondida a menudo. El caso, es que esta vez el Decano tampoco fue un rival asequible como era de esperar, aunque no coincidiese con su mejor estado de forma. Y el caso es que de nuevo, Setién encontró en sus arietes Lolo y Luis Fernández la solución final tan escasa en las filas lucenses, mientras Ferreiro, por una vez al menos, y David López subieron sus exigibles rendimientos puntuales en las jugadas decisivas. Otra vez, pues, un triunfo en el límite, otra vez un colchón decente sobre el descenso, pero con el exclusivo deseo de que se amplíe en el futuro inmediato y no vuelva a ser transitorio.