¿Ilusionarse con la estupenda segunda parte de Valladolid o seguir con la mosca detrás de la oreja por la evidente inconsistencia del juego rojiblanco de los últimos meses? Este es el dilema entre el que se debate la parroquia rojiblanca antes de jugar contra la Unión Deportiva Las Palmas, que esta temporada, de la mano de Paco Herrera, se muestra como líder sólido, creíble y regular, a diferencia de otras, en las que los nombres pesaban más que los hombres.
Lo ocurrido en Pucela, ¿es solamente parte del puntual catálogo que el Lugo suele enseñar contra los grandes o es la primera piedra sobre la que asentar la recuperación? Con que se siga con la intensidad y el hambre desplegados en cantidades industriales sobre Zorrilla, habría que ser optimistas. Pero como los palos han caído con asiduidad de un tiempo a esta parte, uno más bien tiende a ser cauto ante estos brotes verdes. La perspectiva del tiempo dictará sentencia.
El calendario no debe importar. Hay que salir a ganar ante cualquiera, sea cual sea su nombre o historia. Hasta el momento, con excepciones, ningún equipo nos ha pasado por encima. Dicho esto, lo que es evidente es que al Lugo le cuesta horrores ganar. Cada victoria es un parto. Solamente cinco en toda la temporada, el que menos, con los colistas Sabadell y Recreativo. Ser rocoso es estupendo, pero sumar de tres en tres evita ir a golpe de parches y de urgencias. Para los amantes de los datos, otro más: los lucenses con seis empates sin goles, son los que más se abonan a este resultado, seguidos por el Valladolid. El empate a cero suele ser una evidente declaración de intenciones.
Se nos viene, pues, un partido grande en la matinal del domingo, con el café y los churros recién desayunados; y una ola de frio norteña que dará la bienvenida a los calurosos isleños. Por desgracia, todo lleva a pensar que la entrada en el estadio Ángel Carro volverá a ser escasa, los de siempre donde siempre. Eso sí, después del partido contra el Mirandés, se volvió a demostrar que la afición sigue apoyando y apretando de lo lindo, no puede haber queja por parte de nadie. Los «pío pío» serán los próximos en padecerlo.