El Lugo sigue varado con el gol

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

05 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El turno del rival que dejase al Lugo nuevamente varado para el gol y sus carencias crónicas, le correspondió esta vez a la Ponferradina, que llegó menos arropada que nunca al Anxo Carro, en una matinal navideña fría y desangelada. Ni el estreno del himno rojiblanco ni la magnífica puesta en escena del mismo, amén del homenaje para su creador, el exportero Vita, pudieron abrir la ceguera rematadora de los de Setién, una vez más, impotentes para abrir el marcador o cerrarlo. El misil de Aganzo a los 49 minutos, repelido por la escuadra, no dejó de ser un espejismo. Es el único delantero con olfato y oficio, que convierte sus intervenciones en una esperanzadora puesta en escena del fútbol ofensivo, aunque su falta de puesta a punto física le acaben relegando al anonimato. Lo mismo le sucede a Iago Díaz, cuyas intervenciones positivas y rentables sufren demasiadas lagunas, hasta quedar en intrascendentes. La creatividad lucense, encomendada a Álvaro Peña, no existió. La Deportiva comenzó con ambición y mayor posesión, llegando a acorralar al Lugo, hasta que compareció José Juan para abortar sendos remates de Lucas y Berrocal. A partir del primer cuarto de hora y recuperado un desaparecido Pita, perfectamente apoyado por un omnipresente Seoane, el Lugo se sacudió ese dominio inicial berciano, y pasó a llegar con cierta profusión a los balcones del área visitante. Pero nunca con la intensidad que le reclamó la grada y necesitaba el marcador. Al Lugo le salvó la actuación magistral de sus centrales, encabezados por Pavón, insuperable por arriba. Yuri nunca pudo con él y acabó desquiciado, para ser sustituido poco después. Lo que tiene de buen jugador, lo pierde como deportista. El Lugo, además, ha perdido últimamente mucha verticalidad e intensidad, quizás en una de sus peores actuaciones. Ha perdido gas y ganar se antoja una misión casi imposible. Los refuerzos para la delantera parecen imprescindibles, si no se quiere entrar en el pozo del descenso. Ayer se perdió otra gran oportunidad, ante un equipo escasamente ambicioso, cuyo meta se dedicó a retrasar los saques desde el minuto 1. Y eso que José Juan abortó el que parecía inapelable gol de Sobrino en los últimos segundos del partido. Hubiese sido una catástrofe.