El Lugo ha vuelto a uno de sus mínimos clasificatorios: solo tres puntos le separan del descenso. El calendario le brinda la oportunidad de sumar seis puntos consecutivos en el Anxo Carro, hasta ahora fetiche para sus intereses, y ante dos rivales de su propia Liga: Sabadell y Racing de Santander. Y el doble desafío coincide con la convulsión de lesiones y sanciones. Hay una especie de nebulosa en la misteriosa evolución de sus dolencias de jugadores como Jonathan Valle y Aganzo, inéditos para una afición que parece resignada a su permanente ausencia y que se antoja anómala por su prolongada recuperación. Alguien y pronto en el club ha de justificar o explicar, al menos, este misterio institucional. Hay silencios que matan y este es uno de ellos.
Tampoco es para confiarse por el hecho de que el Lugo sea anfitrión ante dos rivales directos, puesto que suelen atragantársele al cuadro rojiblanco los equipos de la zona baja. Es casi una tradición este hecho. Tampoco la escasez realizadora invita demasiado al optimismo, aunque Luis Fernández parezca destinado a romper el hielo rematador en las últimas jornadas. Ante esta disyuntiva, el equipo ha de ser invulnerable atrás y recuperar su concentración defensiva en pos de rentabilizar al máximo los posibles goles a favor. Solo sobre este perogrullo balompédico pueden cimentarse ahora mismo las esperanzas de una involución necesaria, que culmine con éxito estas dos próximas jornadas.
Dentro de este apartado de recuperaciones colectivas e individuales, también sería necesario que jugadores como Ferreiro, en el que estaban depositadas muchas esperanzas, comience a mutar su efectismo por una línea más efectiva. Cuestión de matices. Y el ourensano reúne las suficientes cualidades para exigírselo. Tiene que concentrarse más en sus acciones, a veces mal administradas. Son dos oportunidades únicas e irrepetibles, para un equipo que ya está sumido en las urgencias de sumar sí o sí.