Ya comienza a ser un clásico el verano rojiblanco del director deportivo del Lugo. Y lo es, por el simple hecho de que cuando el rigor del calor aprieta, sube la temperatura de los fichajes y refuerza las expectativas. A Mouriz, siempre fiel a sí mismo, no le tiembla el pulso para proceder a una poda masiva cada mes de junio. Señal de que la anterior hornada no le llenó del todo, y quiere probar nuevas caras. Hasta la fecha, esa quiniela no le ha sido adversa para los intereses deportivos del club. A los hechos me remito: ascenso y consolidación por tercera temporada consecutiva del Lugo en la Liga Adelante. De su alianza con Setién se han obtenido los mejores resultados de la historia del fútbol lucense. Pero para unos hay una especie de bula con sus números rojos, y hasta se les conceden moratorias maquilladas, y para otros la inflexibilidad presupuestaria les impone un corsé absoluto. Con este trato discriminatorio y vergonzoso, se reescribe esta historia, año a año, aunque el señor Tebas se esfuerce en convencernos de lo contrario. Para Mouriz es la hora de los despachos, en la que se juega el futuro inmediato del Lugo. De su gestión depende directamente la próxima temporada. Con un presupuesto aún más recortado, tiene que recurrir al más difícil todavía para confeccionar un bloque competitivo que, al final, logre meter, al menos, a cuatro equipos por debajo del suyo. Pero, además, su gestión apenas admite margen de error. Porque tiene unos recursos muy contados, y la rectificación ya resulta irreversible por falta de medios. Juega a la ruleta a todo o nada. Es un experto en ella, sí, pero sus plenipotenciarios poderes se limitan a acertar sí, o sí. Para esta temporada próxima ha confiado en el bloque de medio campo, incluido, para atrás. La portería sigue pareciéndome el puesto mejor cubierto. Pero la apuesta de futuro está en los hombres de arriba, bandas, interiores y puntas incluidos. Ahí nos la jugamos. Si Rennella y Óscar Díaz fueron decisivos en las anteriores permanencias por sus 28 goles logrados entre ambos, ahora, de nuevo, encontrar gol es buscar una aguja en un pajar. Y ahí está la clave.