Pues sí, Lugo es de Segunda y el Club Deportivo Lugo alimenta su leyenda por tercera temporada consecutiva en la élite de plata de nuestro fútbol. Por si el gol de Pita no fuera suficiente para celebrar el agónico triunfo sobre el Mirandés, la gloriosa jornada rojiblanca se cerró en la rueda de prensa postrera, con la solemnidad requerida y un séquito inusual de jugadores, segundo técnico y director deportivo secundándole, para anunciar la continuidad por sexta temporada consecutiva de Quique Setién. Un emocionado entrenador cántabro, arropado además por su esposa e hijos, justificó en un amplio monólogo los argumentos que le mantienen unido al Lugo, del que destacó la simbiosis de humildad y seriedad como club cautivador de su corazón. Una vez más, Setién antepuso su romanticismo a la tentación de numerosos clubes poderosos que le pretendieron, según confesó. Y, una vez más, su corazón mandó sobre su cerebro en la búsqueda de agrandar la propia leyenda por él encabezada, como mitad de la bicefalia inseparable con Carlos Mouriz. Fuera, todavía resonaban los decibelios de miles de aficionados con el cántico de «Quique, quédate». Pero antes, sobre el cuidado césped del Ángel Carro, Lugo y Mirandés habían mantenido en toda la primera parte un diáfano pacto de no agresión, con rondos mutuos, sin profundidad y nulos remates a puerta, mientras el empate inicial les beneficiaba a ambos al oído de la tarde de transistores. Hasta que se rompieron las hostilidades con el gol de Pita, tras la sustitución del lesionado Rennella (su último tramo ha sido muy deficiente). El Mirandés estaba descendido, y solo un nuevo empate le salvaba. El epicentro de la tragedia visitante estaba en Jaén. Y comenzó, bajo la batuta maestra de su mejor jugador, Pablo Infante, el acoso y derribo sobre la meta de José Juan. Si Pita había abierto la lata del triunfo, el portero lucense se puso un impermeable que le hizo imbatible. Hasta siete remates a bocajarro con sello de gol evitó este nuevo héroe de la triste figura, con intervenciones inverosímiles de reflejos y agilidad felina. José Juan se convirtió en el protagonista supremo de la gloria lucense y del drama mirandés, y ya urge su renovación. Antes de que vuele este mirlo blanco, antidivo por excelencia. Él coadyuvó a la felicidad de los casi 5.000 lucenses que dijeron que Lugo sigue siendo de Segunda.