El mediocampo del Dépor se pasó desbordado buena parte de la segunda parte del derbi y el mensaje de quedarse sin punta no le benefició, porque el Lugo no tuvo sensación de presión. No fue cuestión únicamente del cambio en sí, sino de que el equipo asumió el mensaje de echarse atrás y se desajustó un poquito. Reculó en exceso. Quitar al delantero lo desequilibró mentalmente. Pareció que era algo no ensayado, algo que no se había hablado y que lo sorprendió. Pita ganó protagonismo y quizá se echó en falta a alguien que le presionara y le molestara. Laure pasó muchas dificultades y el cambio de Manuel Pablo no fue malo, porque arrastraba la tarjeta que vio en la primera parte. Sin embargo, el Lugo hizo mucho daño en la izquierda, la zona mejor tapada, donde jugaban Seoane y Luisinho.
Para mí faltó más presión. El Dépor reculó demasiado cuando perdía el balón y el Lugo se plantaba casi sin oposición en la frontal del área. No fue un problema de cansancio, sino querer cerrar el partido demasiado pronto y eso derivó en como si al equipo le invadiese la inseguridad.
Partimos de que el equipo llegó al descanso con un 0-2 muy claro y no le damos valor a ese 2-2 final, pero la racha fuera es espectacular. Es un equipo que arrasa fuera de casa. A falta de cinco partidos sumar un punto fuera no es malo, porque disfrutas de una ventaja importante. El del primer tiempo me pareció un reflejo del de Mallorca. Presionó arriba, no pasó apuros y ofreció un rendimiento en todas sus líneas muy bueno. Ganó en consistencia con Álex en lugar de Juan Carlos. Aunque, y esta es una virtud que le acompaña siempre a domicilio, este es un equipo equilibrado juegue quien juegue. Por eso me extrañó aún más esa diferencia tan grande entre el Dépor del primer tiempo y el del segundo.