El Lugo jugó con fuego en el Arcángel, pero un gol de Víctor Díaz en el minuto 82 salvó los muebles y rescató un punto que sabe a gloria. Y digo que los lucenses jugaron con fuego demasiado tiempo, porque, hasta el gol de Mendi, en el 63, en una jugada en la que su protagonista le ganó por velocidad a un lento David Prieto, para fusilar a José Juan, los de Setién habían sido demasiado conservadores: retrocedían para alargar la posesión y todos los balones comenzaban y morían en los pies de José Juan, para concluir regalando el cuero. Esa falta de ambición la rentabilizaba el meta lucense, baluarte infranqueable. Hasta dos mano a mano salvó en el primer período. Eso, sin contar innumerables intervenciones brillantísimas, hasta que ya no pudo ser en un remate imposible. El Córdoba había dominado nítidamente en todas las facetas, remate incluido. Enfrente, solo una llegada clara de Víctor Díaz, cuyo derechazo a bocajarro escupió un seguro Saizar. Pero el gol de Mendi despertó la conciencia ultraconservadora de los rojiblancos. Fue tocar a rebato. Con un clarinazo, el Lugo se quitó la careta y se fue arriba como un resorte. Profundizó por las bandas, abandonando la horizontalidad y sumando hombres por delante del balón. Un riesgo asumido por obligación. Antes, ni había llegado al área de Saizar. Y así es imposible aspirar a puntuar. Salvó un punto y acabó buscando los tres. Es el camino para no pasar apuros, porque la distancia con el descenso es de tres puntos. Y el gol sigue siendo nuestra asignatura pendiente.