El valor de la militancia

Murillo EN ROJIBLANCO

CDLUGO

La trayectoria del Lugo ha vuelto a entrar en una fase de peligrosas turbulencias (dos partidos, dos derrotas y nueve goles encajados por uno solo a favor), tras un período de relativa calma precedente y el prolongado socavón de siete jornadas sin ganar. En suma, una fase demasiado negativa, con prolongados picos de mínimos y altibajos más que preocupantes. En medio, catorce jornadas de imbatibilidad propia, que son las que le han proporcionado la actual clasificación y colchones relativamente cómodos sobre el descenso. Paradójicamente, los mejores resultados se han producido sobre los equipos más cualificados. Sin embargo, los directos rivales que ocupan la zona baja se le han atragantado. Los dos últimos, cuyas heridas aún están sangrantes, Girona y Tenerife. Lo peor, los nueve goles encajados como ejemplo de lo que no puede repetirse, si la salvación no quiere ponerse en peligro. Por delante, un calendario que no invita al optimismo, pero es que, en sí, todos los rivales se han convertido en huesos, sobre todo, si el equipo no recobra la competitividad. Basada, precisamente, en poner el candado al área propia. Atrás, hay lo que hay, pero no se descarta ni hay por qué dar otras oportunidades. Arriba, las habas son mucho más contadas. Piénsese que esta es una categoría muy exigente, donde los fallos se pagan a precio de oro. El que menos cometa, es el ganador. Por eso, hay que ser muy riguroso y serio en cada acción. Y jamás se puede bajar la guardia. Incluso el estado físico es prevalente. Sin renunciar al libro de estilo, el Lugo ha de abrazar la versatilidad de mejorar su sistema defensivo, como el objetivo ineludible para optar a la permanencia. Ahí está la clave de una militancia, cuyo valor no tiene precio.