El partido de mañana en el Ángel Carro frente al Tenerife posee una losa añadida para el Lugo: el síndrome de Montilivi. La terapia ejercida por Quique Setién durante la semana ha consistido, precisamente, en ejercer y recuperar a sus hombres de la depresión incuestionable del humillante 6 a 0 de Girona. Ningún ser humano, ni individual ni colectivamente, puede sustraerse psicológicamente en un pispás a semejante varapalo. El subconsciente humano posee una retentiva especial para toda clase de acontecimientos que sobrepasan los límites de la normalidad. Una derrota tan cruel como la sufrida por el equipo lucense el pasado domingo no es un suceso cotidiano, porque para su ejecución se precisan una concatenación de hechos negativos excepcionales para el perdedor. Al menos, entre equipos de una misma categoría. Y, sobre todo, cuando uno de ellos arroja la toalla antes de tiempo. Como así sucedió en el nefasto segundo tiempo del infausto partido.
Pero tampoco hay que sacar las cosas de contexto, sino analizar y realizar una autocrítica constructiva del suceso. Hay que tomarlo como un accidente aislado. Para ello, hay que pasar página de inmediato y centrarse en la visita del Tenerife. Y, sobre todo, recuperar las constantes vitales de esas catorce jornadas de imbatibilidad propia. Que fueron los cimientos de la actual clasificación. El cierre de espacios, juntando las líneas, la máxima intensidad en todas las facetas de concentración, marcajes, trabajo solidario en las ayudas defensivas y ofensivas, en una palabra, la labor de equipo con mayúsculas, constituyen las premisas primordiales. Es el único camino para que este Lugo siga siendo competitivo. Y sea capaz de rentabilizar al máximo su parquedad realizadora. No hay otro camino. El equipo canario es otro rival directo por la permanencia. Los rojiblancos tienen que recuperar su autoestima ya, olvidando ese pasado inmediato. Si antes del mismo, fueron capaces de llegar hasta aquí, fue por algo. Sobre todo, cuando jugaron como bloque y con el mono de trabajo puesto. Setién tiene a toda la plantilla disponible, salvo bajas de última hora. Tendrá que escoger a los mejores gladiadores. Y él lo sabe.